Columna: Maratón, más allá de los 42K

Por Luis Ramírez Román, licenciado en Ciencias de la actividad física y entrenador deportivo universitario.

En su libro “De animales a Dioses”, Yuval Noah explica todo el desarrollo de la humanidad, desde los primeros homínidos hasta los tiempos actuales. Destaca la importancia de la etapa donde el hombre, con su estilo de vida cazador-recolector, debía recorrer grandes distancias para poder obtener su alimento a diario, como también huir de animales y otras tribus. Esta característica del ser humano predominó durante miles de años, provocando la adaptación y evolución de sistemas de energía acordes a las necesidades del día a día.

La capacidad del sistema aeróbico para generar energía en la contracción muscular, ha sido altamente estudiada y analizada por las ciencias del ejercicio. Su funcionamiento comienza a predominar a partir de los dos minutos de iniciado el ejercicio, hasta horas o días después. Sin embargo, esta capacidad innata y básica del ser humano, no puede ser exigida de un día para otro. Las competencias de running y las maratones, someten al organismo a un estrés que muchas veces no está preparado para soportar. Las estructuras del sistema locomotor poseen diferentes tiempos de adaptación frente a una carga, por ende, la planificación y el tiempo de preparación para una carrera son cruciales a la hora de rendir, y obviamente, evitar lesiones.

En cuanto a esta preparación, lo más importante de todo es que sea llevada por un especialista del área. El manejo de cargas autodidactas, sugeridas por algún amigo que lleva corriendo más tiempo, o planificaciones masivas obtenidas en la web, son situaciones que sólo incrementan el riesgo lesivo, o en el otro extremo, sin poder obtener el mejor rendimiento individual. Principios o leyes tan básicas del entrenamiento como la individualización y la progresión, no pueden ser soslayados por la comodidad, o simplemente por abaratar costos. Pensemos en esto: debido al golpe repetitivo del talón contra el piso durante alguna carrera de larga distancia, es tan alto el estrés en las estructuras del miembro inferior, que se puede generar la llamada “anemia del corredor”, a causa de la destrucción mecánica de los glóbulos rojos, disminuyendo finalmente la hemoglobina (encargada de transportar el oxígeno a los diferentes tejidos del organismo) ¿Estamos dispuestos a someter nuestro organismo, a un supuesto “hobbie” que rompa en exceso nuestras células sanguíneas?

Revisemos algunos de los factores que no pueden estar ausentes en el control del entrenamiento, y en la respectiva planificación previa a la maratón.

Evaluaciones físico-técnicas: El control médico es el primer paso ante una exigencia física tan alta como lo es correr 42 km. Esa distancia queda corta frente a la cantidad de kilómetros que deberá recorrer el deportista durante su preparación. Evaluaciones cardiovasculares y metabólicas, durante el esfuerzo y en reposo, permitirán desarrollar los entrenamientos de forma segura y sin riesgos. En cuanto a los test específicos de la disciplina, éstos forman parte de la fundación de nuestros entrenamientos, permitiendo medir, controlar, modificar y estimular un adecuado avance y progresión de las cargas. Finalmente, la técnica, como en cualquier práctica deportiva, juega un rol fundamental en la generación óptima de rendimiento. Análisis de videos, manejo de la flexibilidad, control del calzado, y coordinación del miembro superior, son algunas de las estrategias que deben ser integradas a través de las evaluaciones previas a la competencia.

Entrenamiento: Es común escuchar que la maratón no puede ser la primera distancia a cubrir durante una competencia oficial. A pesar de que en general competimos contra nosotros mismos, la ansiedad por rendir y terminar como sea, no pueden predominar por sobre la lógica. Comenzar por competencias menores, 5k, 10k, y 21k, forma parte del propio entrenamiento. Estructuras pasivas del sistema locomotor como huesos, ligamentos y articulaciones, se adaptan con más lentitud que la musculatura implicada durante la carrera, lo que significa que la preparación total de una maratón, no puede ser inferior a 12-18 meses (considerando algún tipo de experiencia previa). El entrenador o preparador físico a cargo de la planificación, debe proporcionar un control exhaustivo del volumen semanal y mensual, es decir, de los kilómetros que debe recorrer el deportista durante cada microciclo

Alimentación: Nuestro “motor” se exige constantemente, por lo que el combustible tiene que ser de calidad, acorde a sus revoluciones por minuto. El consumo minucioso de carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas y minerales, varía en cada sujeto y en cada etapa de la planificación. Su porcentaje de administración y sus tiempos, como también la fuente de origen de los nutrientes, únicamente pueden ser prescritos por un nutricionista experto no solo en deporte, sino que también en la disciplina misma.

Filípides, soldado mensajero de Grecia corrió sin descanso entre Maratón y Atenas una distancia de 42.125 metros, para dar aviso sobre la victoria de su pueblo contra los persas, evitando así la autodestrucción ateniense. Luego de ello, murió desplomado por la fatiga. Al menos eso cuenta el mito griego dando origen a la competencia más famosa de largo aliento en la actualidad.

Nosotros por suerte, no tenemos el deber de entregar ningún mensaje de vida o muerte. Al contrario, es un desafío físico-psicológico que debe disfrutarse como un logro de auto superación y de competencia consigo mismo. Ponerse en manos de profesionales competentes en cada ítem mencionado, permitirá gozar de buena salud para una correspondiente optimización del rendimiento a mediano y largo plazo.

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