Causa y efecto

Por: Álvaro G. Valenzuela Pineda. @avalenzuelapi

Uno de los principales problemas en la ciencia, en la medicina y en la política es confundir las causas y los efectos. Esto en el fútbol es pecado fatal.

Lo que suele ocurrir en el deporte rey es que no somos capaces de entender si un resultado negativo es una causa o un efecto de una situación en particular, en ese plano nos encontramos con las últimas campañas de la U. En el comienzo de este torneo nacional 2018, en sus tempranas dos fechas vemos la misma suma de errores y dudas que el equipo laico viene cometiendo desde el torneo de transición 2017. La falta de solidez y consistencia ha derivado en dos partidos de nivel mediocre, una derrota como local contra Unión Española y un triunfo en Calama de visita contra Iquique. De fútbol en dos fines de semana, bastante poco. Pero vuelvo a insistir en la primera parte, sobre las causas y el efecto. Nuestro equipo viene a los tumbos hace mucho rato, con pequeñas y espaciadas islas de buen fútbol, el resto han sido lamentos y frustraciones. Y este tiempo no ha sido breve, hablamos desde el año 2013 con la llegada de Franco, después pasaron Figueroa y Romero con resultados y desempeños penosos. Llegó una golondrina, un buen segundo semestre del 2014 de la mano de Martín Lasarte nos entregó la corona 17, una Copa Chile y una súpercopa. El nivel fue de más a menos y a finales del año 2015 el equipo estaba metido en un nuevo pozo futbolístico. Volvió Beccacece y en menos de 9 meses ya no estaba trabajando en el CDA. Asumen en una muy extraña dupla técnica Castañeda y Musrri que no obtiene resultados. 

A principios del año pasado vimos llegar al complejo de La Cisterna al profesor Hoyos, quien comenzó con dudas, pero se logró afirmar, sacó campeón al equipo, pero al final del 2017 volvimos a evidenciar el mismo nivel opaco y a tropezones que nos caracteriza desde la salida de Sampaoli. 

En total hablamos de 7 entrenadores, por lo menos 100 jugadores diferentes, pero en todos los casos terminamos cayendo en el mismo abismo.  

Al día de hoy, no son pocas las voces que empiezan a cuestionar al cuerpo técnico, pero eso es volver a preocuparnos por el efecto (jugar mal) y no por la causa de este, no puede ser que tanto profesional haya terminado con el mismo nivel dentro de la cancha. Las causas ya son externas al rectángulo verde, e incluso a la banca del Nacional. Los motivos de todo esto parten en la pésima toma de decisiones, no solo en el gramado del CDA, sino que en su famoso segundo piso y su plana directiva. No me refiero a la parte gerencial en especial a la deportiva que quedó al debe con Andrés Lagos en dos ocasiones, con Sabino Aguad y ahora con Ronald Fuentes. Tampoco son ellos los únicos responsables de la irregularidad de ya hace 5 años. A mi entender, la causa endémica de varios problemas que suceden en la U tiene cabida en esa famosa “comisión fútbol” que componen mentes brillantes que toman decisiones encerrados en cuatro paredes sin tener idea de este deporte, que no tienen idea de nuestra identidad como club, que no tienen idea de quien se está formando en la divisiones menores y sobre todo son monigotes que le siguen la corriente en todo al presidente de turno. Ahí está la madre del cordero, ahí es donde se toman las decisiones de quienes están en el plantel, quien ocupa la gerencia técnica, quienes son los jefes en cadetes y quien se sienta en la banca semana a semana.

No podemos entender el problema sin entender las causas. Si, es verdad, a todos nos gustaría ver a nuestro equipo jugar como el Barcelona de Guardiola, pero antes de eso y mucho antes de eso, viene el proyecto, el pensamiento y sobre todo la identidad. Factores que no están ni cerca de ser representativos en Azul Azul. Quienes siguen viendo que el problema radica en quien sentar en la banca o quienes juegan con la U roja en el pecho. 

Sin identificar causas y efectos, estamos destinados a repetir estos ciclos de mediocridad deportiva e institucional. Somos más que esto, somos mejores que lo que se ve, nosotros, los hinchas, los que seguimos a nuestro equipo y nos preocupamos realmente por sus colores, no sólo ahora sino que siempre con una mirada en largo plazo. Estamos destinados a hacer renacer el club de nuestros amores.

El torneo 2018 recién comienza, un par de triunfos en línea, una buena actuación en al Copa Libertadores y toda crítica se olvidará. Aun así nuestra pelea sigue donde mismo, en la causa de todos nuestros males.

Pd. Escribo esta columna un 11 de febrero, exactos 20 años del famoso partido en Wembley entre Chile e Inglaterra, momento de la consagración total y absoluta de José Marcelo Salas Melinao. Hay partidos que nunca se olvidan y ese es uno de ellos. El destino quiso que cuatro meses después en otro día 11, en un estadio en la zona vitivinícola francesa de Bordeaux, el 11 histórico de los rojos (y azules) se hiciera inmortal. Pero eso es para otra columna. 

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