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Futsal

El baño de realidad con el Futsal chileno: “Crecer o avanzar”

El técnico de Futsal León Moyano compartió una columna de opinión para hablar en profundidad de la disciplina y el maquillado avance de la actividad.

Los equipos nacionales del Futsal en la mirada de un experto.
Los equipos nacionales del Futsal en la mirada de un experto.

El Futsal es un deporte que poco a poco ha ido ganando terreno y visibilidad en Chile, pero esta apertura a los hinchas también tapa algo de fondo, que tiene que ver con el cómo se desarrolla la actividad muy lejos del profesionalismo.

El técnico de la disciplina, León Moyano, ex entrenador de Universidad de Chile, Colo Colo, Magallanes entre otros, escribió una columna de opinión que compartió con Redgol, donde invita a todos los actores a plantearse cómo puede evolucionar el futsal, pero no sólo desde el juego, también desde las bases.

Esto, apuntado a la organización y los planes para profesionalizar una actividad que es tratada de esa forma por la ANFP, pero que está ciertamente maquillada para que pueda funcionar.

Chile ha levantado su nivel en las competencias internacionales.

Chile ha levantado su nivel en las competencias internacionales.

Futsal en Chile: ¿Crecer o avanzar?

El futsal en Chile es una disciplina semi profesional que, sin lugar a duda se encuentra en un momento de apogeo. Poco a poco, gracias a los encuentros entre equipos populares y al sostenido crecimiento del seleccionado nacional, esta actividad ha logrado mayor visibilidad dentro del panorama deportivo del país. Hoy se habla más de futsal, se transmite más futsal y se juega más futsal. Sin embargo, la pregunta de fondo sigue siendo incómoda pero necesaria: ¿Cómo funciona realmente esta disciplina en Chile?

Desde el punto de vista operativo, la respuesta es clara para quienes estamos ahí. En la mayoría de los casos, el futsal chileno se sostiene sobre la base de la autogestión, entendida como el esfuerzo económico, humano y logístico de quienes componen cada club. Coordinadores, entrenadores y jugadores asumen roles que muchas veces excede lo deportivo, impulsados más por la pasión que por una estructura sólida.

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En lo estructural, el escenario no mejora. Los equipos, en su mayoría, no cuentan con canchas propias para entrenar o competir. Todo se desarrolla bajo la gestión de la ANFP, que coordina el uso de polideportivos municipales, generando una lógica dependiente. Existen excepciones, clubes que mediante gestiones propias, acceden a espacios con el mismo resultado final: el arriendo de un espacio que no representa en lo absoluto al club. A esto se suma otro punto, los jugadores no cuentan con contratos, por lo que representar a un equipo de futsal en Chile no es muy distinto a jugar futbolito con amigos, al menos desde el reconocimiento formal y laboral.

Entonces surgen más preguntas: ¿Cuánto ha avanzado realmente el futsal en Chile en los últimos años? ¿Por qué su desarrollo parece estancado en resultados? ¿Por qué quienes integran los clubes no han sido capaces de sostener proyectos serios, con compromiso y visión de largo plazo?

La respuesta parece evidente: Chile no tiene una cultura deportiva. Es un país poco acostumbrado al trabajo por procesos y excesivamente aferrado al romanticismo de lo inmediato, donde el resultado rápido se transforma en la principal motivación y objetivo.

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Si ponemos el foco en la selección nacional, el análisis es más llevadero. Chile ha sido una selección que ha crecido con el paso del tiempo, y que progresivamente se ha posicionado a nivel sudamericano. Eso sí, contando con la mayoría de jugadores compitiendo en clubes extranjeros. Pero el problema no está ahí. El verdadero conflicto está en la liga, especialmente en su estructura y funcionamiento cotidiano. Una liga nacional fuerte, debería ser sinónimo de un seleccionado estable y competitivo, que no dependa solo de que los jugadores salgan o no del país. Una liga débil, debería representar lo contrario.

Por un lado, los equipos carecen de identidad territorial. No se juega por los barrios, no se construye pertenencia, y los jugadores difícilmente desarrollan un vínculo real con el club que defienden. El joven que vive en Maipú debe trasladarse a La Florida, lejos de su entorno, para entrenar en un equipo que incluso puede no ser de Santiago. La pregunta es inevitable: ¿a quién representa entonces?


A esto se suma un bajo nivel técnico y táctico, consecuencia directa de la falta de formación en edades tempranas y de procesos formativos continuos. Lo cual, va en directa relación con la falta de formación que han tenido las y los entrenadores de la disciplina en nuestro país, quienes en muchas ocasiones son profesionales que aún no están preparados para trabajar con ciertas edades o incluso en la disciplina.

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Sin embargo, el problema más profundo es la falta de seriedad con que se abordan los procesos, tanto administrativos como deportivos. En Chile aún existen equipos de primera división que entrenan con nueve jugadores de un plantel de veinticinco. Clubes que siguen siendo dirigidos administrativamente por jugadores activos. Instituciones que priorizan ganar “como sea” antes que construir una estructura que perdure, respetando los procesos de maduración que tiene cada jugador. Y la impresión que da hoy, lastimosamente, es que todo esto no importa en lo absoluto.

Lo técnico y lo táctico se pueden aprender. Hoy el acceso a la información es amplio y comprender sistemas de juego o metodologías de entrenamiento ya no es un privilegio. Pero lo valórico no se improvisa. Formar al joven que llega a un club y transformarlo en un deportista profesional sigue siendo una deuda pendiente. La disciplina se aprende en el proceso. La gambeta, los achiques y la táctica fija se aprenden en el proceso. La lealtad, la seriedad y el compromiso también se aprenden en el proceso. Y son las y los entrenadores quienes deben ser los primeros en trabajar desde una idea que tribute al desarrollo del país, y no únicamente al éxito inmediato en el plano nacional.

Podríamos seguir enumerando situaciones, pero todo se puede sintetizar en una idea central, el desarrollo no pasa por ganar copas internacionales, clasificar a un mundial por primera vez, armar planteles pensando solo en ganar o acumular campeonatos locales. El verdadero desarrollo está ligado al crecimiento integral de la liga, educando desde lo valórico, emocional y deportivo a quienes mañana
representarán a Chile en las distintas competencias. Sin esa base, el futsal seguirá creciendo en apariencia, pero avanzando muy poco en profundidad.

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