Te puede gustar o no, pero lo cierto es que da gusto volver a ver a José Mourinho en una final de copas europeas. Al mando de la Roma, el DT tenía pensado llegar con la alegría de un triunfo en la penúltima fecha de la Serie A, ante la Fiorentina.

Sin embargo, una cosa es querer y otra es lograr. El elenco de la Loba, que no es Shakira, consiguió abrir el marcador con un tanto de El Shaarawy, luego del pivoteo del noruego Ola Solbakken (11′).

La Roma parecía con el duelo en el bolsillo, pues la segunda mitad acariciaba el fin y aún el tanto del egipcio-italiano era el único del marcador. Además, hasta ese momento, la Roma era la única que había llegado con peligro al arco contrario. Pero, no hay que cantar victoria antes de tiempo: Rolando mandragora cabeceó un balón en el área chica y, casi a boca de jarro, Luka Jovic la empujó adentro (85′).

El empate parecía sellar el resultado. Otra vez incorrecto, pues quedaba más. Una acción calcada al gol de Jovic, pero con un pivoteo de cabeza desde el lado derecho, pilló solo frente a la portería a Nanitamo Ikoné, quien simplemente la empujó (89′).

Esta derrota por 2-1 en el Artemio Franchi significa dos cosas para la Roma. Primero, que podría ser desplazada por la Juventus en la tabla, no clasificar directamente a la próxima Europa League y quedar solamente en puestos de Conference League. Esto, porque la Juve juega ante el Milan y de ganar superaría a la Loba, que se encuentra a sólo una unidad de distancia.

Por otro lado, significa que el cuadro de Mou llega con una derrota a cuestas a su final de Europa League, donde enfrentará al Sevilla (miércoles, 15.00 horas de Chile).

La Fiorentina, mientras tanto, suma un nuevo triunfo de cara a la final de la Conference League, donde enfrentará al West Ham United, el 7 de junio.