En la recientemente estrenada serie de Netflix, “Griselda”, Sofia Vergara sumerge a los espectadores en el fascinante y oscuro mundo de Griselda Blanco, una figura central en la historia del narcotráfico conocida como “la viuda negra” y “la madrina de la cocaína”.

Más allá de la pantalla, la vida de Blanco fue una travesía llena de intrigas, violencia y poder, dejando un legado que aún resuena en la historia del crimen organizado.

¿Quién fue Griselda Blanco?

Griselda Blanco nació el 15 de febrero de 1943 en Cartagena, Colombia. Desde joven mostró una astucia excepcional que la llevaría a ingresar al mundo del crimen. Se involucró inicialmente en actividades delictivas en Medellín, donde pronto destacó por su capacidad para el contrabando y la distribución de drogas.

En la década de 1970 ya era una figura clave en el narcotráfico colombiano. Su matrimonio con Alberto Bravo, un traficante de cocaína, marcó el inicio de su ascenso al poder. Juntos, desarrollaron rutas de contrabando hacia Estados Unidos, estableciendo las bases de lo que se convertiría en un imperio criminal.

Pablo Escobar y el Cartel de Medellín

Griselda Blanco tuvo vínculos con Pablo Escobar, uno de los narcotraficantes más famosos de la historia. Ambos compartieron conexiones en el mundo del narcotráfico colombiano y formaron parte del mismo entramado criminal en la década de 1970 y 1980.

Ambos colaboraron en el tráfico de drogas hacia los Estados Unidos, especialmente cocaína. En ese período, el Cartel de Medellín, liderado por Escobar, se convirtió en una de las organizaciones criminales más poderosas y notorias del mundo.

Blanco desempeñó un papel significativo en las operaciones del cartel, siendo una de las fundadores y contribuyendo a la expansión y consolidación de sus actividades ilícitas. Su visión estratégica y su disposición para utilizar métodos violentos la hicieron indispensable en la organización.

Es importante destacar que el mundo del narcotráfico en Colombia en esa época estaba interconectado, y varios narcotraficantes compartían relaciones y colaboraban en diferentes niveles. Blanco y Escobar representan dos figuras clave en este contexto, con sus historias individuales contribuyendo al complejo entramado del crimen organizado colombiano.

“Viuda Negra”

El apodo “Viuda Negra” se deriva de su historial criminal y de la forma en que manejó las relaciones personales, especialmente con sus esposos y asociados en el mundo del narcotráfico.

Aquel seudónimo refleja la tendencia de Blanco a estar vinculada con la muerte de varios de sus esposos y amantes, así como con la eliminación de competidores y enemigos dentro del peligroso mundo del crimen organizado. Se rumorea que planificó meticulosamente la muerte de su esposo Alberto, cuando este amenazó su posición en el cartel.

Griselda se casó en múltiples ocasiones y tuvo relaciones tumultuosas, pero su capacidad para manipular y utilizar la violencia le otorgó una reputación temida y respetada en el ámbito criminal.

El apodo también alude a la idea de que aquellos que se asociaban con ella estaban destinados al peligro, similar a la fama de la araña viuda negra en la naturaleza, donde la hembra es conocida por consumir a su pareja después del apareamiento.

Arresto, encarcelamiento y muerte

A pesar de sus tácticas evasivas, Blanco finalmente fue arrestada en 1985 en Irvine, California. Fue condenada por conspiración para importar cocaína y pasó casi dos décadas en prisión. Durante su tiempo tras las rejas, mantuvo una influencia considerable en el mundo del crimen organizado, coordinando actividades desde su celda.

Fue liberada en 2004 y deportada a Colombia. Sin embargo, su vida llegó a un violento fin en 2012 cuando fue asesinada a tiros en Medellín. Su muerte marcó el cierre de un capítulo oscuro en la historia del narcotráfico, pero su legado perdura como uno de los episodios más intrincados y peligrosos de este submundo.