Matías Ferrari ex juvenil de Colo Colo y con recorrido por varios clubes del país, hoy se encuentra como jugador libre, entrenando y esperando cerrar una opción en la Segunda División, sin perder la convicción de que aún tiene espacio para retomar continuidad y volver a instalarse en el profesionalismo.
Su historia reciente no se explica solo desde la cancha. Decisiones personales profundas, ligadas a su familia y a la crianza de su hijo, marcaron un freno en su carrera justo cuando debía consolidarse.
Ahora, con mayor estabilidad, mira el futuro con calma, preparación y también con el impulso de quienes lo conocen desde las inferiores.

Matías Ferrari busca una nueva oportunidad en el fútbol
-¿Cuál es tu presente futbolístico?
Me encuentro como jugador libre. Bueno, más o menos, hay un par de clubes, pero nada concreto aún, estoy esperando para poder cerrarlo. Son opciones de Segunda División y me motiva que sea un proyecto para volver a jugar, obviamente. Me sirve para agarrar esa continuidad que necesito ya para volver de nuevo al rubro.
-Tu paso por Colo Colo desde juvenil. ¿Qué sientes que faltó para poder despegar tu carrera?
Me faltó la oportunidad de poder jugar algún partido ya oficial. Siempre estuve entrenando todos los años, tuve ahí situaciones, pero así que me hayan puesto a jugar un partido oficial, no. Jugué muchos amistosos y siento que hoy en día a los jugadores les dan muy tarde la oportunidad, a los 20 años, cuando de repente a los 17 o 18 ya pueden estar jugando. Hoy en día Colo Colo lo está haciendo bien, está subiendo hartos cabros, muchos con contratos. Antes costaba un poquito más conseguir ese tipo de cosas.

Tuvo varios entrenamientos con el primer equipo
-¿Cómo fue esa experiencia de jugar en Barnechea para empezar a agarrar ritmo profesional?
Fue increíble de mi parte porque fue mi primer año futbolístico en lo profesional. Venía con todas las ganas de hacer las cosas bien y agarrar experiencia. Me nutrí de la experiencia de los jugadores y del club. Después lamentablemente fue la pandemia y se paró el fútbol. Cuando volvimos, se me acabó el préstamo allá y tuve que volver a Colo Colo y salí de préstamo después.
Llegué a San Antonio después, anduve súper bien. Cumplía los minutos juveniles, di asistencias, siempre partí jugando. Pero tuve una lesión entre medio, me fracturé la clavícula ese año y estuve un mes y medio afuera, después volví y esa misma semana partí de titular y terminé jugando, que era lo importante.
También pasaste por Transandino ya como jugador profesional. ¿Qué significó esa etapa?
Fue un gran paso. Hablé con el presidente, Harold Mayne-Nicholls, que me conocía de chico de las inferiores. El proyecto era súper tentador, una bonita ciudad con muchas comodidades, buenos departamentos, comida, gimnasio y un muy buen cuerpo técnico.

Uno de sus mejores recuerdos es cuando conoció a Arturo Vidal
-En 2024 jugaste en Municipal Puente Alto tras una decisión muy personal. ¿Cómo fue ese proceso?
Fue un cambio bien radical. Tuve chances de ir a otros equipos profesionales, pero eran en el sur. Me separé y tengo un hijo chico, se me complicaba irme fuera de Santiago. Puse como prioridad a la familia. Primero fui a Santiago City ese año que ascendió, pero no me pudieron incluir por un tema de cupos ANFP. Después surgió la opción de Puente Alto que de hecho hablé con la mama de Charles Aránguiz. Cuando llegué ya llevaban dos fechas del campeonato, pero estuve ahí más que nada para mantenerme en ritmo.
–Sigues en contacto con compañeros de las inferiores. ¿Qué consejo te ha marcado en este tiempo?
Con varios hablamos de repente. Pero con Felipe Loyola hablo mucho más. Él me dice: ‘Mati, vuelve a jugar, eres un tremendo jugador. Dale con todo. Cómo no vas a estar jugando’. Me insiste en que vuelva a tener esas ganas y esa calidad que tenía en algún momento. Eso me da mucha fuerza. Con Williams Alarcón igual de vez en cuando nos damos un like en Instagram y cosas así.

Matías Ferrari junto a Felipe Loyola
¿Cuál es hoy tu sueño deportivo?
Volver a jugar, tener continuidad y hacer un buen año. Después pasar a Primera B, hacer uno o dos buenos años ahí y seguir escalando de a poquito, lento pero seguro.




