Manuel Ibarra es un exfutbolista chileno, lateral derecho de origen y recordado por su paso en Universidad de Chile, además de vestir otras camisetas del fútbol chileno. Su carrera estuvo marcada por la resistencia física, la entrega permanente y una personalidad que nunca pasó inadvertida dentro ni fuera de la cancha.

Criado en un entorno donde la pelota era parte de la vida diaria, su historia está atravesada por generaciones ligadas al deporte, decisiones tomadas desde la convicción y un camino que, incluso tras el retiro, lo mantiene conectado al fútbol, al deporte y a nuevos desafíos personales.

-¿Por qué te dedicaste al fútbol?

Fue lo primero que conocí. Es de familia, me quiso toda la vida. Mi padre debutó súper joven en Católica a los 16 años y después se dedicó al fútbol amateur a los 17 años. Se retiro prácticamente por no tener esa persona que lo ayudara. Pero él me ayudó. Además, muchos no lo saben, pero soy primo de Gabriel “Coca” Mendoza (exjugador campeón de Libertadores con Colo Colo ), entonces el fútbol siempre estuvo presente en la familia.

Caté Ibarra vistiendo los colores de sus amores

-¿Cómo era ese vínculo ya que uno era de Colo Colo y el otro de Universidad de Chile?

Mi abuelo era muy hincha de Colo Colo, sino eras colocolino no eras familia prácticamente. Pero comencé a vivir a los 8 años con mis primos en Coquimbo que eran los “rebeldes”, ya que ellos eran de la U y con ellos eran con quienes me llevaba mejor, jugábamos en la calle, estábamos siempre juntos.

-Ahí se hizo de la U entonces.

Cuando estuve en las inferiores de Coquimbo Unido, ahí me di cuenta que lo único que quería era estar en la U. De hecho, una vez jugando un preliminar, se me acerca Orozco y me dice ‘chico te voy a llevar a probarte a la U un día’ fue una promesa al aire, pero no pude dejar de pensar en eso. Daba mi máximo siempre pensando que ese día podía llegar.

-Finalmente llegas a la Universidad de Chile. ¿Qué momentos recuerdas de eso?

Son dos los recuerdos que tengo. La primera es que Magallanes no me quería dejar ir hasta el último momento por temas de contratos y compromisos, entonces no pude jugar la “Noche Azul”. Estaba equipado y todo, pero Magallanes se tiró para atrás. Ahí fue cuando dije ‘si no juego en la U me retiro’, tenía 24 o 25 años, pero prefería no jugar a no estar en la U.

Equipo de la Universidad de Chile con Manuel Ibarra

-¿Y el segundo recuerdo?

La otra fue que me llama Héctor Pinto para decirme que estaba todo listo y que teníamos que juntarnos para ver el tema y firmar. Había que estar ahí a las nueve de la mañana, pero yo ya estaba ahí a las seis. Estaba fuera del portón del Caracol y ya eran casi las nueve, nadie entraba, entonces miré para todos lados y vi que había movimiento en la oficina. No sabía cómo entrar, entonces se me ocurrió saltar el portón y veo que están unos guardias, nunca corrí tan rápido en mi vida, no me pudieron pillar. Llegué al Caracol y Pinto me dice ‘por qué tan acelerado’ y llegan los guardias detrás. Le explicaba a ellos que yo era jugador de la U.

-¿Cómo fue ese año que llegaste a Universidad de Chile?

Fue espectacular. Salimos campeones, hicimos el debut contra Colo Colo y le ganamos 4-0, fue histórico. Un sueño hecho realidad.

Manuel Ibarra junto a sus compañeros en la U

-¿Qué tal tu parte física a la hora de ser jugador de fútbol?

En la tarde después del colegio salía a correr para mejorar la resistencia, en la noche hacía lo que era la parte muscular. Todo con cosas artesanal. Yo iba corriendo después de entrenar a La Serena desde Coquimbo y todos los días. Mis compañeros venía de vuelta del entrenamiento ya limpios y yo venía corriendo, me decían que estaba loco. Ese esfuerzo me llevó a ser lo que soy hoy y lo que fui en el fútbol.

-Caté… ¿quién te puso ese apodo?

Cuando estaba en Santiago Morning en un partido jugué de lateral derecho, corrí todo el partido. Entonces como había un jugador brasileño en Católica que también estaba de lateral derecho y corría mucho, me comparaban con él y ahí quedé como “Caté” Ibarra.

Ahora después del retiro te dedicas al boxeo ¿Siempre fuiste bueno para pelear?

Llegué a los 16 años a Santiago y ahí comencé a entrenarlo, pero como para un rato nada más. Una vez en una pelea en el ring, me llegó mi primer combo y pensé en pegarle patadas, combos y fue mi primera reacción.

Ahora se dedica a otro deporte

-Lo ayuda ser deportista

Siempre me ayudó el fútbol para el boxeo, porque era ágil de piernas, tenía buena resistencia y tenía mucho beneficio. Me han fracturaron la nariz peleando dos veces.

¿Cómo llegas a la música?

Siempre canté en el baño nomás, nadie me escuchaba. Cuando fui a los Juegos Olímpicos de Sidney el 2000, yo era pajarito nuevo, entonces me hicieron cantar. Estaba muy nervioso, pero cuando canté me salió bien, y todos me decían ‘grande Caté’. Entonces después ya me hacían cantar en todos lados, pero fue cábala después y logramos la medalla de bronce.

Se ha ido perfeccionando en la música.

La semana pasada saqué un disco de hecho y fue tremendo. Una de las mejores experiencias fue cuando fui telonero de Tito el Bambino, eran muchas personas las que habían.

Look de Caté hoy como cantante

-¿Fue diferente al debut en la cancha?

Yo estaba muy nervioso, y alguien del equipo me dice ‘calienta un poquito’, entonces comencé a hacer unos saltos, piques cortitos y cuando me queda mirando y me dice ‘qué estás haciendo Caté’ y yo dije ‘calentando’ y ahí me responde ‘calienta la voz, no el cuerpo’.

¿Qué tal la recepción del público?

Muchos me dicen que mi primera canción les encantó. Yo me lanzo a todo, prefiero hacerlo antes de sentir temor, y me están mandando unos temas para que yo los interprete. Me encantan los desafíos y estoy muy contento.