Noruega consiguió un importante triunfo ante Senegal y aseguró su clasificación a los dieciseisavos de final del Mundial 2026. Tras el pitazo final, el técnico Ståle Solbakken no ocultó su felicidad y corrió hacia las tribunas para celebrar junto a su esposa, Anniken, protagonizando una de las imágenes más emotivas de la jornada.
El entrenador noruego cuenta con una extensa trayectoria en el fútbol europeo. Durante más de una década defendió las camisetas de HamKam y Lillestrøm SK en Noruega, Wimbledon en Inglaterra, además de Aalborg y FC Copenhague en Dinamarca, club donde puso fin a su carrera como futbolista.
Sin embargo, más allá de sus logros deportivos, Solbakken es protagonista de una historia que parece imposible de creer. En 2001 sufrió un paro cardíaco durante un entrenamiento con el FC Copenhague, episodio que lo dejó siete minutos sin respirar y que estuvo a punto de costarle la vida.
El momento que cambió la vida de Ståle Solbakken
El 13 de marzo de 2001, la vida de Ståle Solbakken cambió para siempre. El entonces mediocampista del Copenhague sufrió un paro cardíaco durante un entrenamiento y estuvo al borde de la muerte tras desplomarse inesperadamente frente a sus compañeros.
Pocos días antes había disputado los 90 minutos en un partido de la liga danesa ante Aalborg, sin señales de que algo tan dramático estuviera por ocurrir. La situación fue crítica desde el primer momento. Mientras quienes lo rodeaban intentaban comprender lo sucedido, Solbakken permanecía inconsciente.
“Al principio no veía nada, solo oscuridad total. Luego apareció una luz azul… digamos que era un túnel. Era una luz hermosa. Cuando me despertaron, pensé: “Oh, no, ¿podría quedarme ahí un poco más?”. No tengo explicación para lo que vi”, señaló Solbakken.
La rápida intervención del médico del Copenhague, Frank Odgaard, fue clave para salvarle la vida. El profesional le realizó maniobras de reanimación cardiopulmonar y masaje cardíaco externo antes de la llegada de la ambulancia. Posteriormente, un desfibrilador logró reactivar su corazón.
Según reconoció el propio Odgaard al día siguiente, la recuperación de Solbakken fue extraordinaria, considerando el tiempo que su corazón permaneció detenido.
El exfutbolista estuvo varios minutos sin respirar y no conserva ningún recuerdo de aquella jornada. Su memoria retoma días después, cuando despertó en la unidad de cuidados intensivos del Rigshospitalet, donde los médicos le explicaron todo lo ocurrido.
“Al principio no veía nada, solo oscuridad total. Luego apareció una luz azul… digamos que era un túnel. Era una luz hermosa. Cuando me despertaron, pensé: “Oh, no, ¿podría quedarme ahí un poco más?”. No tengo explicación para lo que vi”, recordó Solbakken.
Durante su recuperación también tomó conciencia del profundo impacto que la situación tuvo en su entorno más cercano, especialmente en su esposa y sus hijos.
“Mi madre empezó a organizar mi funeral. Al principio les preocupaba si sobreviviría; después, si sufriría daño cerebral. Esos eran los pensamientos que atormentaban a mi familia.”
“Para quienes presenciaron todo esto, lo que vivieron debió ser traumático. Mi esposa aún no puede hablar de ello, a pesar de que han pasado tantos años. En aquel entonces se quedó sola con dos hijos: uno de cuatro años y otro de un año. Anniken tenía solo 23 o 24 años, y me asombraba cómo logró afrontar una situación tan difícil a tan corta edad“, recordó.
Sus padres viajaron de inmediato a Dinamarca al enterarse de la emergencia. Con el paso del tiempo, Solbakken conoció detalles de aquellos momentos de angustia que marcaron a toda su familia.
“Mis padres volaron inmediatamente a Dinamarca. Me contaron que, durante el vuelo, mi madre empezó a organizar mi funeral. Al principio les preocupaba si sobreviviría; después, si sufriría daño cerebral. Esos eran los pensamientos que atormentaban a mi familia y a mis compañeros, que me vieron desplomarme, morir y volver a la vida”.
Lejos de quedar solo como un recuerdo doloroso, aquella experiencia modificó profundamente su forma de entender la vida y las prioridades. “Esa historia me enseñó a ver la vida de otra manera. Ahora entiendo lo que de verdad importa. Hay que tomarse las cosas superficiales con más ligereza: ya no me agobio y vivo la vida casi como una broma”, señaló.
