El Doctor Michael Morbius (Jared Leto) es un bioquímico que sufre una extraña enfermedad en la sangre. Al intentar dar con un tratamiento para su trastorno, accidentalmente se infecta con una forma de vampirismo. Tras la cura, Michael se siente más vivo que nunca y adquiere varios dones como fuerza y velocidad, además de una necesidad irresistible de consumir sangre. Tras la tragedia, el científico buscará explicaciones para lo ocurrido, mientras quien antes parecía un amigo se convierte en una verdadera amenaza.

Si hay algo que está más que claro a estas alturas es que todo lo que proviene de la factura Sony sobre el Spider-Verse y que, paradójicamente, no tiene a Spider-Man, ha sido un rotundo fracaso en términos de creación dramática. Sí funcionan en la taquilla por el débil tejido conectivo con el superhéroe arácnido y por la utilización de populares actores que hasta cierto punto convocan; pero ya está, no hay más que eso. Y Morbius definitivamente no es la excepción.

Estamos ante una producción derechamente mediocre, de construcción sobre la base de una endeble y reiterativa fórmula que ni siquiera se esmera por proponerse como algo diferente o siquiera interesante, además de ser absolutamente predecible. El trailer te dice todo en poco más de dos minutos y funciona mejor que las dos horas de película.

A Jared Leto lo hemos visto en mejor forma. Basta recordar Requiem for a Dream, Dallas Buyers Club o Mr. Nobody. Si hasta sus apariciones en House of Gucci, con una tonelada de maquillaje funcionan mejor que en Morbius. El hombre se esfuerza, pero no convence.

Y esto da para pensar cuánto talento se desperdicia al sacar adelante una propuesta tan desalentadora. Un siempre talentoso Jared Harris, aquí queda reducido a su mínima expresión. En tanto, Matt Smith es conminado a ser un villano de intenciones poderosas pero conflictivas, pero pobremente expuestas en pantalla.

Esa es la máxima de Morbius: todo es débil. Su núcleo se sustenta en una especie de lucha de egos, por sobre la posibilidad de plantear cuestionamientos morales o quizás más atractivos, como la volatilidad de la ética en el uso de la ciencia, cuando se trata que conquistar objetivos personales.

Morbius: ¿Cómo es la nueva película del Spider-Verse de Sony, protagonizada por Jared Leto?

Lo anterior deriva en que la pugna principal prácticamente anula todo lo que la rodea. Los personajes secundarios son meros artículos en un decorado que en instancias hasta parece de teleserie, y cuya importancia es tan insignificante como todas las escenas que prometían los adelantos y que quedaron completamente eliminadas del corte final. Un ejemplo: la existencia de la investigación policial no conduce a nada, presiona en un par de puntos de la historia, pero hacia el desenlace su aporte es nulo.

La falta de coherencia, una continuidad frágil y desordenada, efectos CGI con una vergonzosa falta de perfeccionamiento, la aparición de personajes que no hacen mayor aporte a lo que se está contando, una banda sonora completamente genérica y la falta de aristas de intriga, finalmente conducen al espectador a un inevitable estado de aburrimiento.

Además, es una historia de vampiros sin sangre, algo tan ridículo como el gran desperdicio de la oportunidad para contar una verdadera historia de terror.

A eso se suma un remate al galope de una batalla final visualmente inentendible entre las estelas computarizadas de los personajes, la destrucción que provocan, reflejos de vidrios, escombros digitales y oscuridad; que hace recordar el punto cúlmine de la primera Venom, en la que todo era más ruido que dulces para los ojos. No hay money shot en cámara lenta que salve el desastre.

Morbius sigue las pautas de sus antecesoras en el Spider-Verse de Sony: no hay historia atractiva, tampoco visuales memorables y el potencial interpretativo de las estrellas de turno se diluye en un guión poco lustrado que tampoco se esfuerza por ser más. Las seis postergaciones de su estreno ya no hacen pensar tanto en la culpa de la pandemia, sino más bien en la inseguridad del estudio sobre lo que se traían entre manos. Y como guinda del amargo pastel: hace tiempo que no se veían unas escenas post créditos tan nefastas. De lo peor del año.