Raimundo Tupper Lyon está vigente. La cruz blanca que mira San Carlos de Apoquindo desde un cerro al interior es testimonio de la vida y carrera de un jugador que dejó huellas no sólo en Universidad Católica, sino también en los corazones de todos los fanáticos reales del fútbol chileno.

Este lunes se cumplen 25 años desde el fatídico día en que el Mumo decidió acabar con su vida producto de una depresión endógena que lo mantuvo prisionero durante años. El 20 de julio de 1995, Tupper se lanzó desde el noveno piso de un hotel en Costa Rica, marcando uno de los episodios más trágicos del balompié nacional.

Cruzados, albos y azules lloraron por igual la pérdida del correcto jugador, y es que más allá de su tremendo talento en el terreno de juego, Tupper se destacó por su manera de ser fuera de la cancha; clase media alta pero modesto y sin miedo a abordar temas tabú, como los sueldos o el plebiscito de 1988, situación relatada por el ex arquero Marcos Cornéz:

"Esos (1988) eran unos tiempos difíciles, donde no era llegar y hablar. Entonces todos nos quedamos callados y Raimundo se para y dice ‘no, yo no voy a votar por él (Augusto Pinochet)porque soy del otro bando’. Todos pusimos una cara y fue como ‘uff, qué valiente decirlo así cuando ninguno de nosotros, que éramos los más experimentados nos atrevimos’. Así recuerdo a Raimundo", relató Cornéz.

En ese entonces, Raimundo Tupper tenía apenas 18 años, pero no tuvo temor en plantarse ante la dirigencia de la UC y sus compañeros y abogar por lo que creía justo. El Mumo siempre fue distinto al resto, en parte porque quizás sus arduas luchas internas lo hacían mucho más sensible y consciente del dolor ajeno.

Como jugador, Tupper Desarrolló su carrera en Universidad Católica, mostrándose como puntero por ambas bandas en la década de los '80, pero en 1992 fue cambiado a la posición de lateral izquierdo, donde encontró un nuevo aire destacando más aún.

Quienes vieron jugar al Mumo como lateral, comparan su desempeño en cancha con el de Jean Beausejour, debido a su potencia y habilidad para subir por las bandas y proyectarse en ataque.

El fútbol era la pasión de Raimundo, pero estaba lejos de ser su único interés. Según sus compañeros de la época, el jugador de ascendencia inglesa era asiduo a la música y a los libros, y podía pasar largas horas inmerso en páginas o acordes.

Mumo era en la cancha como en la vida; recto y correcto, siempre evitando pasar a llevar a los demás. De hecho, el ídolo cruzado jamás fue expulsado de un partido. Su integridad era incorruptible en el pasto de los estadios y también fuera de ellos. 

El talento y entrega de Tupper lo llevaron a conseguir un campeonato nacional en 1987, un sub-campeonato de Copa Libertadores en 1993 y el trofeo de la Copa Interamericana en 1994. Todo con el club de sus amores, Universidad Católica.

Raimundo también tuvo su paso por La Roja, donde jugó siete partidos siendo titular en tres de ellos. En 1987 logró el cuarto lugar en el Mundial sub-20 de Chile, para más tarde, en 1993, hacer un gol a Arabia Saudita por la Roja adulta pese a haber ingresado como suplente y haber jugado apenas 12 minutos de partido.

El Mumo era un reconocido fanático del cantautor Silvio Rodríguez. Era tímido, reservado, pero sagaz y lúcido. Valiente. Valores que hasta hoy se intentan inculcar en los jóvenes que comienzan sus carreras al alero de Universidad Católica.

Un 20 de julio de 1995, cuando todos veían a aun prometedor futbolista de apenas 26 años, con toda una vida y carrera por delante, Mumo luchaba su propia batalla interna, tomando la decisión de suicidarse mientras estaba en un hotel en Costa Rica, donde Universidad Católica se encontraba en ese país realizando una serie de amistosos.

Cada fin de semana hinchas de la franja corean el nombre de Mumo Tupper a todo pulmón, y suspiran con respeto ante la imagen de la cruz blanca que reposa mirando hacia San Carlos de Apoquindo.

Muchos fanáticos que hoy alientan a la UC ni siquiera vieron jugar a Raimundo, pero su leyenda ha trascendido de tal forma que incluso quienes no tuvieron la suerte de verlo, sienten su cercanía, presencia y relevancia. 

Sólo muere realmente quien es olvidado, y en sus cortos 26 años de vida el Mumo se encargó de dejar un legado tan grande, que incluso a 25 años de muerte su nombre suena más fuerte que nunca.

Raimundo Tupper Lyon vive a través de la garra de Cristián Álvarez cada vez que recuperaba un balón; a través de las lágrimas de Milovan Mirosevic cuando anunció su retiro; en la humildad y amor de Cristopher Toselli para permanecer defendiendo al club incluso en los peores momentos, y en las gargantas de todos los cruzados que cada fin de semana dejan todo por alentar a la franja.

Mumo, Mumo querido... los cruzados jamás te olvidarán. Y siendo honestos, los futboleros de corazón tampoco.

Raimundo Tupper Lyon hoy puede seguir descansando en paz, porque de mantener su leyenda hoy y siempre se encargarán todos los amantes del fútbol que agradecen la existencia de un jugador de su clase.