Hay historias que trascienden el deporte y se convierten en verdaderas lecciones de vida. La de Adolfo Almarza es una de ellas.
El destacado deportista chileno ha debido enfrentar desafíos que para muchos habrían significado un límite, pero que para él terminaron convirtiéndose en el impulso para abrir nuevos caminos, romper barreras y demostrar que la resiliencia puede ser más fuerte que cualquier obstáculo.
En conversación con RedGol, el deportista, que es el primer y único ciclista profesional del mundo que compite en Downhill, habló en detalle sobre los desafíos que ha enfrentado a lo largo de su vida, sus nuevos proyectos y cómo el deporte se convirtió en una herramienta clave para transformar su historia.
Cómo el ciclismo cambio la vida de Adolfo Almarza
Cuando tenía apenas 12 años, Adolfo Almarza enfrentó un hecho que marcaría para siempre su vida. Un grave accidente automovilístico provocó la amputación de ambas piernas.
Al recordar los meses posteriores al accidente, el ciclista reveló que una breve conversación marcó un antes y un después en su vida.
Una persona le hizo ver que su familia sufría al verlo triste, reflexión que cambió por completo su forma de enfrentar la situación y lo ayudó a dejar atrás uno de los períodos más difíciles que le tocó vivir.
“Salí con ganas de comerme el mundo, de salir a aprovechar todas las oportunidades. Y aquí estamos, eso es lo que somos hoy día. Y eso es lo que estamos mostrando, eso es a lo que estamos aferrados”.
“El descenso me formó y el deporte de alto riesgo, es un deporte que cuando tú lo sabes canalizar y después te juntas con profesionales, esto lo puedes llevar y lo puedes replicar en todas las índoles”.
El deportista putualiza que las lecciones que obtuvo durante su proceso de rehabilitación terminaron marcando cada ámbito de su vida, desde el deporte hasta su desarrollo personal y profesional.

Asimismo, se refiere a la importancia de nuestro entorno. “Imagínate que a los 12 años, cuando tengo mi accidente, ya me dan de alta, me empiezo a juntar con mis amigos. Todos mis amigos en el campo andaban en bicicleta, hacían descenso. Yo solamente los acompañaba a ellos. Entonces, cuando te juntas con ciclistas, te vas a convertir en un ciclista”.
“Si te juntas con vagos, te vas a convertir en un vago. Si te juntas con personas que quieren crecer, que quieren seguir avanzando, lo van a hacer. Yo, sin querer ser ciclista, sin tener las condiciones, sin tener toda la infraestructura, sin tener nada, al juntarme con ciclistas me convertí en un ciclista profesional“.

El primer y único ciclista en competir dowhill con prótesis en el mundo
El ciclista, señaló que “en muchas oportunidades, de repente suena medio soberbio, pero yo creo que cuando estamos conectados y cada uno ya tiene claro su avance, una de las cosas que me da una seguridad en hacer las cosas, en tomar decisiones, es el downhill, es el descenso”.
“Imagínate, hasta el día de hoy soy el único ciclista en el mundo que practica descenso a nivel profesional. Para muchos, de repente, no lo toman así, pero yo personalmente lo tomo como un logro muy importante, porque poder ser el pionero, hay que tomar decisiones, hay que aferrarse, hay que darse cuenta de que no hay un manual”.
“Entonces, poner en práctica todas las decisiones que vas tomando y, en ese instante, solo con los amigos, ni siquiera con equipos profesionales, porque aprendí a andar en bicicleta con mis amigos, y ahí es donde te das cuenta cuánto eres capaz de avanzar”, explicó.
Para Almarza, el descenso no solo se convirtió en una disciplina deportiva, sino también en una escuela de vida.
Según explica, enfrentar cada bajada le enseñó a confiar en sus capacidades, planificar y tomar decisiones incluso en escenarios inciertos. “Hoy día todo eso lo valoro, porque hoy día cuando tengo ganas de hacer algo, lo llevo a una planificación y si dentro de las planificaciones falta algo, no me cuesta tomar las decisiones”.
“Aquí me tomo otro nuevo reto, lo voy a subir y voy con confianza, porque desde el momento que aprendí a controlar la bicicleta, poner los pies en los pedales, donde no sé qué va a venir, y poder soltar el freno para ir a velocidades, para poder cruzar la pista”.

“Entonces, cuando tú le muestras eso a la gente y a los 12 años tú viviste un accidente que te cortó tu sueño, te cortó tus piernas, te cortó tus ganas de vivir, te destruyó tu familia, tú te dirías: Me miro al espejo en la mañana y me felicito, me celebro”.
En la misma línea, el deportista hace una potente reflexión. “La motivación es importante cuando hay disciplina, pero solamente cuando hay palabras en el aire, cuando hay sueños que son inalcanzables, ahí es donde entra la negociación, de la cual muchos de nosotros somos frágiles y no somos capaces de tomar la bandera de ser protagonistas en nuestra vida y de cumplir lo que en algún momento nos comprometimos con nosotros mismos”.
“Y eso me lo enseñó la bicicleta, me lo enseñó la terapia, me lo enseñaron mis compañeros, me lo sigue enseñando el equipo y eso es lo que hoy día le sigo mostrando a la gente”.
Agregando que “uno tiene que estar preparado para tomar cualquier decisión, para hacer cualquier actividad y para poder cumplir algún objetivo o para poder ser la mejor versión e incluso para poder conseguir algunos sueños que son lejanamente casi imposibles”.
Almarza reconoce que su camino en el ciclismo ha sido complejo, pero no imposible y remarcando una frase “sin dolor, no hay recompensa y eso aplica para todo”.
“Me pude convertir en un ciclista profesional, siendo el único en el mundo que practica descenso sin querer ser un ciclista, sin querer ser un atleta del ciclismo. Y es ahí donde yo te digo: oye, ¿se puede? Sí, se puede.
“¿Tengo dificultad? Sí, tengo el 70% de discapacidad, pero teniendoel 70% de discapacidad tuve la capacidad de adaptar unas prótesis a que fueran parte de mi ADN, de mi vida, y tuve que sacarme la cresta, entrenar más de 1.200 días de práctica para poder tener el dominio y el control”.

El deportista es claro en que se debe dejar atrás los “no puedo” y convertir las debilidades en fortalezas. “Es ahí donde las personas te dicen: “No, es imposible”. Me escondí tres años, dos años, para que no me vieran las piernas. Me refugié en la bicicleta y cuando tuve el primer logro con la bicicleta, todo aquello en lo que me refugié y lo que andaba escondiendo, que era mostrar mi prótesis, cambió totalmente”.
“Vivía con pantalón largo y una de las cosas que más me gusta es andar con pantalón corto mostrando mi prótesis, aunque camine para todos lados chueco, porque entre medio también tuve un accidente, me he quebrado la cadera, entonces no tengo hoy día una muy buena estabilidad, pero sí tengo una vida, puedo realizar una vida totalmente normal e ir un poquito más allá”.
A lo que añade: “Y si yo puedo ir un poquito más allá es porque tú también puedes, es porque todos podemos. Si lo que me pasó hoy día, hoy día lo veo y ya no es grave, porque tuve la capacidad de adaptarme, porque es un problema que no tiene solución”.
“El momento que tú tienes una opción, una oportunidad de casi perder la vida, tú te valoras de una manera distinta. Pero no tenemos que esperar que la vida nos ponga una prueba gigantesca para poder tomar conciencia y para poder tomar las riendas de ser el protagonista de mi propia vida”.




