El 2021 fue un año de transición, tras la peor parte de la pandemia. Combinamos buenas y malas en este intento, a veces errático, de renacer desde el enclaustro y el fútbol no estuvo ajeno, pues debió acomodarse a las restricciones con nuevos protocolos, que no siempre se cumplieron, causando estragos en algunos equipos.

Por eso el primer villano de 2021 es el Covid-19, que obligó a jugar triples fechas a la selección chilena en las Eliminatorias Sudamericanas y enfrentar a las complicadas selecciones de Brasil, Ecuador y Colombia, con un pobre resultado.

Tampoco fue misericorde con los equipos del Campeonato Nacional, que perdieron jugadores durante la temporadas debido a los contagios y contactos estrechos. Especialmente Colo Colo, que debió jugar con juveniles frente a Audax Italiano en plena recta final del torneo y cedió puntos en la pelea por el título con Universidad Católica, a la postre campeón.

Otro villano del año fue justamente el primer entrenador del equipo cruzado este año: Gustavo Poyet. El uruguayo llegó con el crédito de su experiencia europea al mando del Real Betis y el Bordeaux, entre otros, pero terminó decepcionando en el fútbol nacional.

La UC nunca mostró el nivel que tuvo durante los tres torneos anteriores, pese a que clasificó a los octavos de final de la Copa Libertadores, y la dirigencia decidió destituirlo por sus malos resultados en el Torneo Nacional. Cristián Paulucci, su ayudante, lo sustituiría y encadenaría una histórica racha de triunfos que finalmente les dio el título a los cruzados.

Otro que se fue del país sin gloria fue Nicolás Blandi, quien llegó a Colo Colo en 2020 como una de las contrataciones estelares del equipo. Pero apenas jugó y terminó marchándose totalmente enemistado con la hinchada y los dirigentes. Encima, el Cacique tuvo que pagarle 500 mil dólares a San Lorenzo, que pretendía ahorrarse por un monto impago de la transferencia de Paulo Díaz al Ahli.

Un caso de dulce y agraz fue el del venezolano Rafael Dudamel, quien no la pasó bien como técnico de Universidad de Chile. Los resultados no lo acompañaron, aguantó hostilidades de hinchas y la prensa durante meses, para finalmente dejar su cargo. El equipo peleó por no descender hasta el final del Torneo, aunque ya no estaba a su cargo.

Pero como dice el refrán, el fútbol te da revanchas y Dudamel tuvo la suya justo antes del final del año, pues tomó Deportivo Cali de Colombia cuando estaba 13° en la tabla de posiciones y terminó levantando el trofeo de campeón del fútbol cafetero.

El último villano del año es Robin Robinson. Su extraño caso fue noticia mundial y dificilmente olvidaremos en Chile su fantasmal paso por la Roja. Tal como ocurrió con Ben Brereton, prometía ser un bálsamo para el equipo, pero terminó protagonizando un papelón.

“Para mí es un gran honor el llamado a la Selección. Lo veo como una gran oportunidad para devolverles a los técnicos y al país la confianza que han demostrado en mí", decía al ser convocado por Martín Lasarte.

Sin embargo, el nacido en Estados Unidos se fugó de la concentración un día antes del choque con Brasil en Santiago sin una explicación realmente clara. Desde la ANFP hablaron de un problema psicológico, otros hablaron del idioma, e incluso temas de dinero.

Lo cierto es que tras el lamentable episodio, Robinson nunca más marcó en su equió el Inter de Miami, y pasó a un segundo plano en el plantel.