Stanislas Wawrinka (139° del ranking ATP) camina por el circuito como alguien que ya no tiene nada que demostrar. No persigue fantasmas ni rankings. Persigue sensaciones.
Y eso, en un deporte que devora carreras sin piedad, es casi un acto de rebeldía. Mientras otros miran el carnet o historial médico, Wawrinka se ata las zapatillas como si cada partido fuese una declaración de principios.
La carrera de Stan no es la del prodigio precoz. Es la del tipo que siempre llegó un poco después. Él que creció a la sombra de gigantes. El que aprendió a perder antes a ganar. Y cuando ganó, lo hizo a su manera. Mano firme, revés esculpido en piedra y una mirada que no pedía permiso.
En un circuito obsesionado con la perfección, Wawrinka abrazó la imperfección. Se rompió, literalmente. Operaciones, dudas, silencios largos. Años donde muchos lo dieron por terminado, pero Stan está para cosas grandes y callar bocas.
Hoy, Wawrinka con 40 años, a solo dos meses de cumplir 41, no esconde sus motivaciones. Las dice sin maquillaje, como quien se conoce muy bien. “Quiero superar mis límites, seguir luchando contra buenos jugadores, seguir ganando partidos. Quiero intentar volver al top 100 a los 40 años“, explicó dejando a conocer que luchará cada partido.
No es una frase para titulares, es una declaración de vida. Wawrinka no juega con el ranking, juega contra el tiempo. El suizo va en contra de esta idea instalada de que después de cierta edad solo queda el recuerdo.
“A lo largo de mi carrera, siento que he sacado el máximo partido a todo lo que podía; ese ha sido siempre mi objetivo y sigue siéndolo para este último año. Siempre ha sido superar mis propios límites y he conseguido mucho más de lo que podía soñar cuando era joven”. Palabras de un Stan que no se rinde, a pesar de convertirse en el jugador de mayor edad en jugar el cuadro individual masculino del Australian Open.
Pasión intacta y memoria eterna
Stan se encuentra disputando la tercera ronda del Australian Open 2026 luego de ganarle a Arthur Géa (198°) y aun que avanza, el cuadro se hace cada vez más difícil para los amantes del tenis, puesto que no quieren el fin de un jugador increíble.
“Es mi último Abierto de Australia, así que estoy tratando de llegar lo más lejos posible. Ya no soy joven, así que necesito la energía del público. Es una sensación increíble estar en esta cancha y contar con tanto apoyo”, relata Stan con una visión realista a su situación.
No suena a despedida triste. Suena a desafío, a exprimir cada punto, a jugar con el corazón en la mano. Porque Wawrinka siempre fue un jugador emocional, de esos que se alimentan del entorno, del ruido, de la gente empujando cuando las piernas pesan.
“Tengo la suerte de haber tenido la oportunidad de ganar Grand Slam y jugar en los escenarios más importantes, pero la emoción que siento al jugar un partido, la sensación de la competición y de jugar ante el público es la misma incluso cuando juegas en pistas pequeñas. Cuando te apasiona lo que haces, el estadio no importa”, relata feliz al recordar su carrera.
¿Nadal, Djokovic o Federer?
Stan Wawrinka construyó su carrera en el período más cruel del tenis moderno. No le tocó dominar una época cómoda ni levantar títulos en un vacío de gigantes. Le tocó competir contra tres leyendas que empujaron los límites del deporte y redefinieron la excelencia. Y lejos de esquivarlo, Stan lo enfrentó de frente, aun sabiendo que la mayoría de las veces la historia no jugaría a su favor.
“Los tres eran muy difíciles de enfrentar”, afirmó. “Pueden ver mi historial contra ellos: perdí más de 20 veces contra cada uno de ellos, pero Rafael Nadal, especialmente en tierra batida, era el más difícil, con sus potentes golpes de derecha contra mi revés a una mano, presionándome constantemente. Es difícil generar algo desde ahí y ponerlo bajo presión. Y además tenía el servicio de zurdo”.
Sin embargo, Stan aún así logró estar dentro del top 3 en el ranking ATP. Además, no todos sus partidos fueron malos contra este Big Three. Uno de los que más recuerda con cariño es la victoria frente al serbio Novak Djokovic (4°) en Roland Garros el 2015.
“En ese momento te sientes muy bien porque ya es un logro increíble estar en la final y luego golpear ese tiro y jugar tan bien contra Novak Djokovic es algo que siempre recordaré“, destacó el histórico tenista suizo.
Quizás por eso sus victorias contra ellos se sienten distintas. Más pesadas. Más épicas. Porque Wawrinka no fue un espectador de la era dorada. Fue un sobreviviente. Uno que perdió mucho, sí, pero que cuando ganó, lo hizo mirando a los gigantes a los ojos.
