Antes de hacerse conocido como Chucky en el fútbol chileno, su técnica exquisita maravilló tanto a Santiago Wanderers como a Everton de Viña del Mar. Al punto que desató sin querer un clásico de la región de Valparaíso para quedarse con él cuando era apenas un niño.
Con el tiempo, Daniel González dio varias muestras de mucha calidad en el balompié nacional. Por ejemplo, con la camiseta de Huachipato alzó el título del Torneo Clausura 2012 con una actuación en la que fue fundamental: anotó un golazo que permitió una remontada vs Unión Española que parecía imposible. Luego de eso, los Acereros se quedaron con la copa por penales.
Hoy en día, mientras termina la carrera para ser entrenador, atendió el llamado de RedGol para repasar algunos golazos. También anécdotas y más de algún fuerte reto por su carácter “llevado a mis ideas”, como el mismo Chucky González reconoció.
¿En qué estás actualmente?
En un proceso personal. Estaba estudiando en el INAF, me falta un año para terminar el curso de técnico. He tenido escuelas de fútbol, trabajé en la municipalidad de Viña del Mar, siempre ligado al deporte. Nací acá y sigo acá. Totalmente viñamarino.
¿Cómo te hiciste futbolista?
Desde que tengo uso de razón siempre estaba con un balón. Mis hermanos, yo soy el menor, siempre me llevaban a la cancha. Todos eran buenos para la pelota. De hecho mi papá estuvo en Wanderers, pero no llegó a ser profesional. Era bueno también, wanderino de los cerros.
¿Quién te descubrió?
Primero estuve en Belloto Norte. Después con el tiempo mis viejos se metieron al subsidio y les salió un departamento en Quilpué. Mi primer equipo fue Santa Marta. Estaba en la escuela de Elías Figueroa, lo conocí. Me invitó a su escuela a los 8 años. Y cuando me cambié a Quilpué fui al club Estudiantes, uno de los más importantes si no el más. De hecho tuvo pasado profesional. Hacíamos partidos amistosos vs Wanderers y Everton. Domingo Sorace estaba en Everton y Leonardo Vinés, en Wanderers. Me vieron jugar y me invitaban cuando tenía 10 u 11 años. En ese tiempo no había ni Sub 14.
¿Tú decidiste por Everton?
Me invitó Sorace a jugar un clásico vs Wanderers en el estadio antiguo de Villa Alemana. Tenía 12 años, jugué por la Sub 15, ahí empezaban los cadetes en ese tiempo. Ganamos 2-1. Hice el gol del triunfo. Pasó una cosa súper rara: no me llamaban. Pasó un tiempo. Yo estaba súper ilusionado, un cabro chico. Un amigo entrenaba en Wanderers, fui a entrenar allá. Vinés me dijo ‘por fin llegaste a mis manos’. Mañana te hago la foto para que firmes.
¿Y cómo terminó eso?
Cuando llegué al departamento, estaban unos técnicos de Everton. Hablaron con mis viejos, me ofrecieron beca y todo. Mi mamá me dijo que no iba a poder darme una mejor educación, es lo mejor que te podemos dar. Un buen colegio. Y ahí firmé por Everton.
Wanderers no, Everton sí: el gran talento de Chucky González enamoró al fútbol chileno
Con la decisión de haber elegido Everton por sobre Wanderers, Daniel González se empezó a hacer conocido, pero su explosión en el fútbol chileno fue con O’Higgins de Rancagua. De ese club saltó rumbo a Colo Colo en una carrera que todavía recuerda con lujo de detalles.
¿Quién es tu ídolo del fútbol?
Me gusta Juan Román Riquelme y el Mago Valdivia. Era mi forma de jugar.
¿Siempre tuviste esa magnífica pegada en los tiros libres?
Es un don. Una buena pegada y todo. Pero después de los entrenamientos me quedaba. Jorge Aravena me hizo debutar en primera división. Después practicaba: hablaba con un arquero de cadetes, le pagaba el almuerzo, unas 10 lucas más y que se quedara conmigo para entrenar tiros libres. Me quedaba una hora y algo, le compraba algo y lo iba a dejar a la casa.
Te lo pregunto porque no hacías goles feos…
No he encontrado un gol feo. Ante la U le pegué de volea con zurda más encima. Y yo soy derecho. Sigo viendo ese gol. Una por la velocidad que agarra por la altitud. Uno que fue de zurda. Y lo otro, que le pegué mirando a la galería, ni siquiera al arco. Le hice otro con Cobreloa a la U, que me pasé como a cinco jugadores. Y al Tati Buljubasich le hice un doblete en San Carlos de Apoquindo
De todos los clubes que jugaste, ¿cuál fue tu mejor momento?
Difícil pregunta. Huachipato salí campeón. De Cobreloa me compraron y me fui a Brasil. En O’Higgins también. Fui a préstamo, me compró (Ricardo) Abumohor y después me fichó Colo Colo. Eso dice que fue una campaña muy buena.
¿Qué significó para ti jugar en la selección chilena?
Un orgullo. Es el sueño de todo jugador. Vestir la camiseta de tu selección. Hice un proceso: viví dos años en Pinto Durán con el proceso de la Sub 17. De lunes a jueves estaba ahí con 14 años. Dos o tres años estuve ahí viviendo.
¿Cuáles fueron tus mejores técnicos?
El que es mi papá es el Peineta Garcés. Fantasma Figueroa. Y bueno, si no recuerdo otro fue porque no fueron tan importantes. El que me guió y me ayudó mucho fue Jorge Chicho García.
Las mejores anécdotas del Chucky González: “Jorge Garcés me pegó y el Chiqui Chavarría me cagó, duré un minuto”
¿Cuáles fueron sus anécdotas más memorables?
Ahí me cagaste. Una suavecita. Recién llegó Jorge Garcés a Everton me agarró cariño de una. Recuerdo que estábamos jugando contra Temuco, íbamos ganando 1-0. Yo siempre he sido llevado a mis ideas. Le reclamé al árbitro y me expulsó. Quedaban como 5 minutos para que terminara. Me voy por el túnel en el antiguo Germán Becker. Y cuando voy entrando al camarín, está el Caroca (utilero) tenía la radio escuchando. Gol de Temuco.
Llego, estoy en la ducha, termina el partido y siento que llega el profe Garcés. Le pegó a la puerta, una patada a las pelotas y gritó “dónde está este pendejo de mierda”. Lo único que siento en la ducha fue un golpe en la espalda. Peineta Garcés me pegó. “Pendejo chuchetumare”. Ni mi papá me pegaba.
Cuente otra, pues…
Tengo otra buena. Everton 2000, recién debutando. Jugamos contra Huachipato en el antiguo CAP. Estaba Chiqui Chavarría, seleccionado chileno en ese momento. No me conocía nadie. Estábamos en el túnel, lluvia, cancha barrosa, todos con zapatos con pepa. Yo no los utilizo ni en esas canchas. De repente estaba el árbitro para darnos la orden de salir y Chavarría, que es re huaso, me dice ‘wena, Chucky, cómo estás’.
Me estaba saludando a mí que no me conocía nadie y el weón le había pegado a Francescoli en la selección chilena. Y el hueón me pega un pisotón en los dedos con zapato con pepa. Salimos del túnel, toqué una pelota, duré un minuto. Cambio. Tenía todo hinchado, el hueón me cagó. Fue más vivo que la cresta.
