Si bien quería ser árbitro profesional lo que logró a nivel FIFA fue ser un destacado juez asistente y antes de comenzar la carrera que lo llevó a ser un amigo muy cercano de Javier Castrilli, se desempeñó como payaso. “Soy el primer árbitro chileno que llega a la condición internacional como asistente. Por tanto nunca seré ex”, apuntó Osvaldo Talamilla.
En esta entrevista con RedGol, este connotado lineman, como se les decía antaño, Talamilla repasó varias cosas. “La diferencia respecto de hoy está en que uno puede entrar a un procedimiento de seis o siete meses. Ordenado, más instintivo que en el INAF. Se forman ahí, después van a la cancha”, recapituló.
¿En qué está actualmente?
Tengo varias actividades. Soy profesor de historia y geografía. Máster en gestión educacional por la universidad de Madrid. También soy ingeniero en informática.
¿Cuánto tiempo le dedicó a los estudios al margen de ser árbitro?
La primera carrera la hice en La Serena. Empecé a los 18 años a arbitrar fútbol amateur. Finales de los 80. En la universidad me fue muy bien. Creé una agrupación de árbitros que se mantiene. Me pasaron muchas cosas muy tristes que me motivaron. Muchas agresiones, la más grave fue me quebraron la cara en tres partes. Yo soy de Cabildo, el lugar más hermoso en el mundo. Mi mamá que vivía allá, se enteró, me retó. Tenía la cara con una estructura metálica. Soy de una familia muy, muy pobre. La realidad se modifica con trabajo y estudios.
¿Qué le dijo su mamá?
Me hizo prometerle que nunca andaría detrás de la pelota. No lo hice. Salí de la universidad, me vine a Santiago. Me costó entrar, hay grupos de poder en el fútbol. El mundo se comporta así, el que no entienda eso no comprende el mundo. Pasó a lo largo de toda la historia.
¿Es cierto que fue payaso durante un tiempo?
Llegué a la universidad, siempre estudié, se me enfermó un hermano, me quebraron la cara. Me costó mucho la carrera de cinco años, tuve dos hijas. Lo hacía en la calle de La Serena. Soy muy famoso en cierta generación de personas. Me llamaba Palmatoria. Estuve tres años ahí hasta que en el circo minero, que tiene 76 años, me fueron a buscar. Hablaron conmigo, que me habían visto en la calle hacer humor y que les gustaría incorporarme.
¿Qué les respondió?
Les dije que esto lo hacía por necesidad, no como terapia. Por eso también arbitraba fútbol amateur, tres o cuatro partidos. Pero siempre lo dije. Voy a todos los circos que conozco. Trato de ver todos los partidos de fútbol, leo mucho y voy a los circos.
Osvaldo Talamilla recuerda su época de juez de línea FIFA, su trabajo de payaso y su amistad con Castrilli
Osvaldo Talamilla fue juez de línea de la Copa Libertadores, pues logró ser FIFA y, a los años, fundó un colegio en Maipú y una escuela de árbitros junto a su gran amigo, el argentino Javier Castrilli. El Sheriff, quien fuera presidente de la Comisión de Árbitros en Chile.
Una etapa de Castrilli que terminó dentro de una polémica tremenda y con su despido. Eso fue muchos años después de su etapa como juez asistente. “ntré muy tarde, a finales del 98 e inicios del 99. Tuve la fortuna de cumplir 30 años, casi no se podía entrar. Tuve conversaciones casi especiales. Hoy es un desorden. La FIFA reguló las edades y las funciones”, contó el ingeniero informático, profesor de historia y traductor de inglés-español.
“Después del Mundial de Italia 90, los especialistas se hacen juez central o asistente. Pero todo ahora es un desorden. Hay árbitros de 47 años en el Mundial, que no se había dado nunca. Esto no es como debería ser. Tuve tanta fortuna en Santiago que a la semana, entre las casitas que tuve, Gastón Castro pidió a árbitros con experiencia que levanten la mano. Debíamos dar una prueba que nos tomó 10 minutos. Me fue mejor que todos y empecé a arbitrar”, repasó.
¿Qué más recuerda de esa linda etapa?
Dirigí en un año todas las categorías del fútbol joven de Chile. Tenía experiencia. Yo arbitraba sólo adultos, cuando me pasan niñitos de 12 a 14 años y fue coser y cantar. Avancé muy rápido. Se me contrató en el fútbol sub17. Fue una anormalidad, tenía experiencia y capacidad. Seguí, tuve buenas calificaciones y el cuerpo de profesores me dice que soy asistente. Me dio alegría y pena, venía a terminar un curso y volver a La Serena a mi trabajo como profesor. No venía a ser asistente, pero quería estar en el fútbol profesional. Sólo quería levantar el letrero de sustitución en Quilín. Esdtuve muchos años en fútbol amateur, me llenó de ilusión. Tuve una carrera bastante rápida, con muy pocos aciertos y muchos errores. Hasta que aprendí bien, me mandaron en 2006 a la graduación de FIFA en Suiza.
¿Cómo nace la amistad con Castrilli?
Físicamente nos habíamos visto un par de veces. En 2006 y 2007 mediante Facebook conversábamos. Y dice que soy una de las pocas personas que le pone resistencia conceptual como especialista. Lamentablemente eso evidencia que existe un tipo de fútbol que es acelerado, frenado, contaminado o envenenado por el árbitro. Yo no soy pro árbitro, soy pro justicia deportiva. El árbitro está al servicio del fútbol y eso le decía a mis alumnos. Por eso coincidí con Javier, la amistad nace de este tipo de conceptos. Piensa lo mismo que yo.
¿Y cómo surge la academia de ambos?
Cuando se dio la posibilidad y vino a Chile, conversamos el tema, lo llamó Pablo Milad. Trabajamos juntos, como estábamos juntos todos los días, lamentablemenbte Chile no valoró lo que es Javier Castrilli en el mundo: 26 años consecutivos, 26 años en Mundiales. Eso no es casualidad. Llegamos a ver tres partidos diarios en terreno. La gente no lo valoró. Inventaron que éramos violadores, que llamábamos por teléfono para cobrar goles. Eso es absurdo. Milad lo llamó, no llegaron a acuerdo, efectivamente hubo un error y tuvimos que ir a Tribunales. Ganamos todos los juicios. A Javier le gustó Chile.
¿Cuál es el objetivo que plantearon de esa academia?
La idea de la academia es a raíz yo soy dueño de un colegio, mis ingresos centrales están ahí. Javier hace la vinculación con el medio. Mi colegio es atípico, es premilitar. Hay 17 de ese tipo en Chile y el mío es el único privado. Cobro por la pedagogía. El grueso es virtual, el curso se compra y ejecuta el línea. Nos demoramos casi un año en hacerlo. Y cuando tenemos que dar las clases, van a mi colegio en Maipú. Tenemos muy poca gente que ha hecho el curso. Me da pena que un curso que vale 66 mil pesos no lo tome toda la cantidad de gente interesada.
¿Tiene familia?
Soy casado. Tengo hijos, a las más grandes no les gusta que las nombre. Estuve soltero, uno cuando viaja por el fútbol, usted sabe. Mi hogar es mi señora, profesora como yo, directora de otro colegio. Tengo a Alonso de 13 que le gusta la Chile. Y la Diana tiene 9 y es de Colo Colo. Uno generalmente hereda sus clubes, pero yo no tengo clubes. Sólo la selección chilena y mi club de barrio. Jugué ahí, era arquero. Tengo el escudo de mi equipo en el computador y mi hija me dice que no existe. Eso fue favorable cuando llegué a Santiago. Por eso no soy pro árbitro.
¿Es cierto que también tuvo experiencia en el básquetbol?
También arbitré básquetbol de joven. Alguien tiene que hacer la pega dura. Esa es una vida con sentido. Y el periodista tiene eso mismo con la verdad. Cuando la sociedad se enreda, se sacude y golpea contra las rocas, pasa lo que pasa. Chile lo primero que debe enseñar a sus niños son primeros auxilios y saber nadar.
¿Tiene en mente estudiar algo más?
Estuve estudiando traductor simultáneo inglés-español. Después quiero sacar el alemán en 2027. Sólo para mí, para ayudarme a mí y mis hijos. No es para lucirme ni ser millonario. La frase que puse a mi colegio: educar para liderar, liderar para servir. Es una vida con sentido. Así soy yo.
