La ANFP aguarda por la nueva elección de presidente pactada para el próximo 8 de noviembre y se presentaron tres candidatos con sus respectivas listas. Pablo Milad quiere mantenerse en el cargo, pero además Lorenzo Antillo y Fernando Aguad buscan el máximo sillón de Quilín.

En lo que respecta a Antillo, el ex presidente de Audax Italiano tiene en su lista a la vicepresidenta de Azul Azul, Cecilia Pérez, quien incluso no cumple con el artículo 18 de los estatutos de la ANFP (“para ser elegido miembro del directorio de la asociación se requiere haber sido presidente o director de un club de fútbol profesional, o miembro del directorio de la asociación a lo menos por el período de tres años”).

Por su parte, Aguad pelea el puesto de Milad con Arturo Salah, uno que ya estuvo al frente del fútbol chileno tras el breve período de Jaime Baeza, en el difícil período post Sergio Jadue en Quilín.

En RedGol en La Clave, Rodrigo Herrera manifestó que “el futuro de la ANFP se va a decidir con la continuidad de Pablo Milad; la lista opositora vinculada a los representantes  con Lorenzo Antillo y Cecilia Pérez, que ojo: no cumple con los requisitos de los estatutos para estar en el sillón de Quilín. O la sorpresa: la lista del dueño de Palestino, Fernando Aguad, con el ex presidente de la corporación, Arturo Salah”.

El conductor del espacio radial de la casa agregó que “estamos claros que no hay opción alguna que aúne grandes mayorías ni planifique los cambios estructurales que el fútbol chileno está demando. Es más: aún no conocemos los programas ni las ideas porque no hay obligación de hacerlos públicos. Y lo más grave es que no hay sentido de misión de los candidatos”.

“Ser presidente de la ANFP te entrega un poder especial. El timonel del fútbol es más entrevistado en los medios que el presidente del Senado o la Corte Suprema. Tiene un rol público permanente. Pero como no es la gente la que decide y tampoco vota, se perdió la responsabilidad de explicarles que se quiere hacer. Una evidencia más de que el fútbol se ve como un fenómeno público para repartir los problemas, pero muy privado a la hora de los beneficios”, agregó Rod.

Por último, Rodrigo Herrera sentencia que “tampoco se observa esa misión en los presidentes de clubes, que son los que escogen. ¿Han escuchado a alguno de ellos golpear la mesa y demandar abiertamente lo que se debe hacer? ¡Para nada! Basta la oferta de unas pocas prebendas o de un lugar en el directorio para entregar los apoyos. Es triste, pero el fútbol chileno hoy lamentablemente se reduce a un control de daños para evitar que llegue a Quilín uno que lo haga peor”.