Lección de carácter

Darío Sanhueza

Panelista de radio @dalealbo. Abogado en mis tiempos libres.

Columna alba respecto a la mejor semana del Cacique en el semestre, coronada con una victoria inapelable ante la Universidad de Chile en el Monumental.

La parada era muy difícil esta semana que recién nos deja. Primero, tratar de revertir la llave con Huachipato y luego, nada menos que recibir a una U más liviana y descomprimida tras el cambio de su conducción técnica. Era una prueba de fuego para la conducción de Pablo Guede y para el equipo, que tenía una presión enorme y una necesidad imperiosa de empezar a consolidar en puntos ciertas mejorías futbolísticas que el equipo había mostrado, quizás a cuentagotas.

Fue muy importante para el equipo, finalmente, haber eliminado a Huachipato en Copa Chile, y no sólo por el hecho en sí, sino que fundamentalmente, por fin pudo demostrarse a sí mismo que la localía es algo beneficioso, que jugar en nuestra cancha siempre debe provocar más estímulo que presión. Bien por algunas figuras específicas, como Figueroa –que se ha ido ganando su puesto–, Rivero –que pese a llevar un solo gol por ahora, entiende muy bien la “pega” del delantero– y el propio Jaime Valdés, que sin llegar a ser el Pajarito de antaño, por lo menos fue un aporte y le dio la titularidad para el Clásico.

Pero sin dudas la carga emotiva estaba más centrada en el Clásico del domingo en el Monumental. De todas maneras había motivos para ser cautelosos: el equipo llevaba un punto sobre doce posibles en Pedrero por el campeonato, estaba comprobado que la presión era un factor demasiado incidente en el rendimiento del equipo, y el rival llegaba prácticamente sin nada que perder, sólo con la ilusión de por fin romper con un trauma que ya lleva quince años, y que ha visto a toda una generación de hinchas azules sentir que Pedrero es tierra prohibida para ellos.

Con un Monumental prácticamente lleno y convertido en una caldera, los primeros diez minutos ratificaron esta sensación primaria. La U se veía intensa en la recuperación, Colo Colo se veía tenso en la elaboración, más allá de un par de aproximaciones con buenos tiros libres de Paredes y Ramón Fernández, bien conjurados por un Herrera que terminaría siendo determinante, para bien y para mal. El trámite era un poco más proclive a los azules en los primeros instantes, aunque sin causar más peligro que un muy tibio cabezazo de Contreras

Sin embargo, a partir de estos primeros instantes, la balanza se desniveló para siempre y por suerte fue a favor nuestro. Martín Rodríguez comenzó a desquiciar a Matías Rodriguez –ayudado por la escasa solidaridad del muchacho Briceño que compartía ese costado de la cancha–, Valdés apareció por izquierda en un jugadón personal donde lamentablemente equivocó la decisión final, Figueroa por derecha centró para Paredes que desvió. No eran grandes llegadas pero sí iban marcando una tendencia, con unos muchachos azules cada vez más nerviosos, extrañamente.

Hasta que llegó el momento que rompe el partido, que nuevamente nace por el nerviosismo y falta de temple azul, con el córner que regala Monzón. Buen centro de Ramón Fernández y aparición imperial de Julio Barroso, para ganarle a Contreras en base a inteligencia y ubicuidad para cabecear con el arco descubierto y marcar el 1-0. Palabras aparte para la salida en falso del golero azul, que con dicha acción, con certeza, aumentó dramáticamente la colección de lepidópteros que seguramente mantiene en su hogar, recordándonos al entrañable Diógenes Tobar, el cazador de insectos de la inolvidable “Sucupira”, interpretado por Francisco Melo.

Lo mejor del 1-0 es que terminó de hacerle entender a Colo Colo que este partido tenía que ser suyo, y terminó de “achunchar” a un conjunto azul cada vez más desteñido, y que sólo encontró una llegada seria gracias a un error en la salida de Colo Colo, con un Barroso que saltó a destiempo y que finalmente desembocó en un remate sin convicción por parte de Gastón Fernández, otro muchacho desaparecido en el césped de Arellano.

Y la vuelta del descanso nos traería una alegría enorme: en menos de treinta segundos el Cacique logró un 2-0 tranquilizador. Excelente y corajuda jugada de Rivero por izquierda, bien armada con un Paredes que sabe mucho de cómo se juegan estos partidos, y excelente definición de Martín Rodríguez. Y unas palabras aparte para el 14: generalmente le hemos criticado que su carácter le impide “creérsela”, y que le faltaba una actuación sólida en un partido bravo. Pues bien, contra la U se la creyó, desquició a quienes intentaron pararlo por ese lado y más encima marcó el gol de la tranquilidad. Fenomenal y consagratoria actuación de Martín, que además lo redime de su penal perdido en la final de Copa Chile. Jugando así, nos quedará poco de él en Pedrero, y quizás su nivel sea –junto con el Clásico por supuesto– el hito positivo más destacable de la conducción de Pablo Guede, hasta ahora.

Quizás el único aspecto en que Colo Colo quedó en deuda fue en el finiquito, pues se sucedieron varias ocasiones que, con un equipo más fino, habrían terminado en una sangría inolvidable para el elenco estrigiforme. Ramón Fernández, de soberbio segundo tiempo –al fin una gran actuación del 10 del Popular, cuando más se necesitaba–, sólo vio impedido el merecimiento de su gol con un par de tapadas extraordinarias de Herrera. Otros remates de Valdés, de Paredes y esa escapada de Fierro cuando llega incómodo a definir de zurda resumen el trámite del encuentro, tanto como un maravilloso raspado con pelota de Zaldivia a Gastón Fernández que terminó con el azul pidiendo cambio. Finalmente, un 2-0 escueto en las cifras pero con los máximos merecimientos.

Si hay algo que destacar de Colo Colo, es que puso absolutamente todo lo que hay que poner para imponer sus términos en un partido como estos, con una carga emotiva y mental distinta al resto, poniéndole derechamente el pie encima y tirándole la camiseta y la historia arriba de la mesa a un conjunto laico timorato, resignado y con escaso amor propio, situaciones absolutamente contradictorias a las características respecto de las cuales generalmente se ufanan. Creo que muchos esperábamos más oposición y reacciones anímicas de los azules, que definitivamente no llegaron.

El equipo aún tiene mucho margen para mejorar, tampoco seamos ciegos o altaneros. Seguimos estando en un lugar poco digno en la tabla de posiciones, pero sólo cabe esperar que el entendimiento y la solidaridad que mostró el equipo en el Clásico, se sostenga en los partidos venideros, y que la tranquilidad que aportan los últimos resultados al proceso de Guede (de los últimos tres partidos, contando Copa Chile, tenemos siete puntos, y en los ocho anteriores sacamos sólo seis) refuercen las convicciones, y por ejemplo, ayuden a la tranquilidad cuando nos toque estar en desventaja o con un jugador más. Mientras tanto, a los hinchas nos cabe disfrutar este receso FIFA con total plenitud, tras la lección de carácter que el equipo le dio a los azules. ¡Vamos Colo Colo!

Foto: Agencia UNO

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