Tentando a la suerte

Darío Sanhueza

Panelista de radio @dalealbo. Abogado en mis tiempos libres.

Columna alba respecto al empate rescatado por Colo Colo en el CAP en un partido que perfectamente pudo haber perdido.

Qué entretenido es ver a este Colo Colo… para el espectador imparcial. Quien vea un partido del Popular con la tranquilidad de no ver sus más profundos sentimientos involucrados en el encuentro, seguramente lo pasará muy bien, verá llegadas en ambos arcos, sin dudas un espectáculo más interesante que ver una película de cine arte noruego o una exposición de Tai Chi en Youtube, por poner un par de ejemplos de actividades que difícilmente interesarán más a un pelotero que un partido de fútbol en vivo.

El problema es que para el colocolino, la profundidad de su sentimiento es clave para vivir los partidos de este Cacique 2016 que, pudiendo seguir un camino más estable, permanentemente camina por una cornisa autoimpuesta, que le tira un cebo a la desgracia pero que por suerte, como en el caso de este partido con Huachipato, logró zafar de balas ajenas e incluso de intentos derechamente suicidas como vimos en los primeros minutos, y se trajo un empate que a todas luces, por el trámite del encuentro, es un punto ganado, pero que marca no sólo un estancamiento en la tabla que sin dudas preocupa, sino que también un estancamiento en el nivel de juego que derechamente llama la atención.

Los primeros veinte minutos del Popular fueron derechamente nefastos, especialmente a nivel defensivo. El primer gol de Huachipato es fruto de un error muy burdo, compartido entre Garcés –dudó si reventar o tratar de jugar e hizo algo intermedio, su indefinición con el pie pagó caro–, Barroso –se quedó enganchado en vez de seguir la línea– y Zaldivia –que se le arranca Duma–, y el argentino marcó el 1-0 casi sin oposición.

Luego vino la polémica: un nuevo dos contra dos de Huachipato –no había ningún lateral en posición defensiva y tampoco había relevo por parte del volante defensivo– , centro atrás y definición de Sagal al travesaño, picando la pelota levemente adentro, lo que por suerte no fue advertido por el árbitro asistente. Era gol. Respecto a Gamboa, da la sensación de que Garcés lo tapa, la omisión grave es del asistente. Por suerte en esta nos tocó a nosotros.

Pero lejos de reaccionar, durante esos primeros minutos la histeria se apoderó del Cacique y así no fue raro que los acereros marcaran el 2-0 . Otro grosero error defensivo, los invito a ver el gol y a jugar al “une los puntos” con la línea de cuatro defensas del Cacique y van a dibujar una linda culebra. Gutiérrez fuera de posición, le ganan la espalda tras un saque lateral a Pavez que lo estaba cubriendo –muy poco vivo el 8 en esa jugada, pierde la posición por arriba ante un César Valenzuela que es pequeño y livianísimo–, Barroso en cualquier parte y Povea aparece a la espalda de Campos.

El panorama presagiaba ser desastroso tras esos primeros minutos, pero de una u otra forma el equipo algo calmó su histeria y pudo ir arrimándose al arco de Lampe, aunque sin hacer un gran partido. Nuevamente el mediocampo quedaba al debe, especialmente Ramón Fernández, que tuvo la gran oportunidad de jugar de 10 y no mostró prácticamente nada salvo un par de pelotas detenidas en el primer lapso. Tras algunas chances perdidas, logramos el descuento gracias a la persistencia de Zaldivia –que pese a sus errores defensivos, tira del carro con su carácter y gallardía–, que agarró un rebote y nos dejó expectantes para el segundo tiempo.

Uno creía que el equipo en el entretiempo se iba a dar cuenta que la tranquilidad le ayuda y el atarantamiento lo perjudica, pero el segundo lapso se desarrolló muy parecido al primero, con Huachipato generándose chances claras y varios mano a mano con inferioridad numérica defensiva, y que si no es por Garcés el partido podría haber terminado en una sangría importante. Es cierto que el parralino no genera confianza precisamente por errores como el que terminó con el primer gol, pero si el partido no se perdió, se debe en gran parte a él.

Además, el cuerpo técnico ayudaba al atolondramiento repitiendo por algunos minutos la “fórmula” de la acumulación de delanteros que no funcionó ante Temuco. Rivero no se siente cómodo por los costados y qué decir de Vilches, que lleva más de un año sin sentirse cómodo con esta camiseta. Y luego, casi como una búsqueda de una señal divina y de dar un golpe a la cátedra, Guede hizo ingresar al joven Iván Morales. Que no se entienda mal: el joven entró muy bien, mostró carácter y ganas, pero lo que preocupa es que su ingreso haya sido conceptuado por el cuerpo técnico para remontar un durísimo partido que se iba perdiendo fuera de casa, dando la sensación de cierta improvisación.

Pero el destino castigó la farra huachipatense y nos salió el empate, precisamente por una jugada bien elaborada, bien pensada y reflexiva, lo que no tiene porqué ser sinónimo de lenta. Bien Rodríguez y Paredes armando una jugada inteligente, aprovechando el buen momento del 14 que ha ido tomando confianza. Linda pared, linda definición, golazo. Y hasta lo pudimos ganar, pero eso ya sería haberle agarrado el hombro a un destino que nos tendió una mano. Hasta este partido nos llegaban poco, ahora nos llegaron mucho y eso marca una involución.

Colo Colo coquetea con el desastre pero se da cuenta que cuando se tranquiliza y pone la pelota al piso, tiene jugadores con los cuales puede hacer daño. Hay muchas preguntas que uno se hace a estas alturas. ¿De verdad no hay ningún lugar donde pueda jugar Baeza en este equipo? ¿Cuántas oportunidades más va a dilapidar Andrés Vilches, jugador tan talentoso como víctima de su falta de carácter para vestir la blanca? ¿Tendrá más chances Ramón Fernández como 10 pese a su mal partido? Si los dos laterales pasan la mitad de la cancha, ¿por qué el volante central no hace las coberturas? ¿Se consolidará algún lateral izquierdo en este equipo? Sólo algunas inquietudes que ojalá tengan buenas respuestas. Mientras tanto, seguir tentando a la suerte no es un panorama deseable.

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