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Columna alba: No olviden que perdimos

Darío Sanhueza

Panelista de radio @dalealbo. Abogado en mis tiempos libres.

Desde su tribuna, Darío Sanhueza aborda el inicio de la era de Pablo Guede al mando del Popular y la derrota de local ante Unión Española.

Mucha agua ha pasado bajo el puente tras el término del campeonato pasado. Primero, la confirmación de la directiva a fines de mayo de que José Luis Sierra iba a seguir siendo el técnico del Popular, pese a que muchos sentíamos que su ciclo estaba demasiado desgastado; luego, un montón de tiempo "muerto" sin poder trabajar durante el receso de la Copa Centenario; la ruidosa renuncia de Sierra con el equipo a punto de debutar en Copa Chile sin que casi ningún jugador saliera públicamente a agradecer el trabajo del Coto; la salida de Beausejour, que curiosamente fue el único futbolista que se pronunció públicamente de manera crítica sobre la salida de Sierra, aunque siendo justos, en una declaración absolutamente oportunista y funcional a su interés de crear un ambiente que hiciese insostenible su permanencia en Colo Colo, cuando ya había sido seducido por el discurso de un entrenador rival que ha ganado tres de dieciocho partidos; y finalmente, la llegada de Pablo Guede, que vendría a cambiar notoriamente muchas cosas que eran insostenibles desde la era Sierra, pese a sus números correctos. Y entre medio, la llegada de varios refuerzos y de un director deportivo, entre otras múltiples cosas.

Es decir, ha sido un período muy acontecido fuera de la cancha.

Pero llegó el momento más importante en muchos meses, que era ver a Colo Colo en cancha, más allá del aperitivo de Copa Chile bajo el interinato de Hugo González. Prueba de la importancia de este momento es que el colocolino llegó en masa y muy entusiasmado a Pedrero a ver el debut de este renovado Cacique ante la siempre difícil Unión Española, equipo bastante serio y con jugadores interesantes, como demostró en la cancha del Monumental.

Decir que el estilo de Guede es bastante diferente al de Sierra es una obviedad absoluta, pero no sólo en lo que se demuestra en cancha, sino que también en la cotidianeidad de los entrenamientos. Y en ese sentido, la desgraciada lesión de Villar en el amistoso ante Curicó le dio la chance a Paulo Garcés de estrenar el arco de Colo Colo en el torneo, lo que a la larga terminó siendo clave en el resultado. Garcés, pese a ser un buen arquero, es un jugador naturalmente “atarantado”, lo que sin dudas se potencia con la conducción de Guede. Conociendo el historial del parralino, cuando atrapa la pelota un metro más allá de la línea del área (¡un metro!), uno puede presumir razonablemente que todavía no agarraba la pelota y ya quería sacar. Error fatal, buena pegada de Pinares, Garcés mal parado, gol al ángulo pero de su palo. Un recto al mentón.

Probablemente la mejor cara del equipo, y lo más cercano a lo que quiere Guede, se dio durante el primer tiempo. Colo Colo se vio con hambre y con urgencia, aunque a veces con cierta desesperación por lograr el empate, teniendo un par de oportunidades realmente muy claras pero que se definieron imprecisamente –la que pierde Michael Ríos probablemente no la perdía un 9 más “pepero”–, reduciendo a Unión únicamente a su dimensión defensiva. Nos fuimos al descanso perdiendo pero con un sabor de boca agridulce.

El temprano empate en el segundo tiempo sin dudas afianzó la ilusión que generó el rendimiento del primer tiempo. Excelente desborde de Martín Rodríguez –ojalá sea una tendencia ver al 14 siendo determinante– para que finalmente un muy vivo Esteban Paredes convirtiera su gol oficial N° 125 con la camiseta del Popular desviando la trayectoria del mordido remate de Valdés.

Pero algo pasó. Es cierto que Rivero tuvo una clara que tapó muy bien Sánchez, pero en el segundo tiempo el equipo bajó un peldaño en la intensidad y el rendimiento, aunque el trámite no hacía sospechar que Unión pudiese pegarnos de nuevo. Pues bien, así pasó, y con el sencillísimo recurso del saque de fondo, bien pivoteado por Churín –ganándole la posición a Zaldivia–, bien conducido por Salom –llevándose a Barroso–, para la aparición de Galdames –a la espalda de Cristian Gutiérrez– que remató algo centrado, pero suficientemente fuerte para que la mala tarde de Garcés alcanzara su punto cúlmine con una reacción realmente precaria.

Lamentablemente el 1-2 le pegó muy fuerte al Cacique en lo anímico, fue un gancho al hígado. Si bien el equipo siguió intentando, no dio la misma sensación del primer tiempo. Tuvo algunas llegadas, luchó, metió, la banca buscó con algunos cambios, pero no hubo caso, y quizás también el físico del equipo se haya visto afectado. En todo caso, tampoco hay que olvidar que una Unión más precisa en las contras perfectamente podría haber ampliado el marcador. Así se agotó el tiempo y finalmente se perdió el partido.

El colocolino llegó masivamente al estadio buscando empezar con el pie derecho y con un resultado favorable, pero seguramente también buscando una sensación diferente a lo que se vivía con el Coto, con quien para ser sinceros no estaba pasando nada, y con Guede seguramente pasarán cosas, buenas y malas, tal como sucedió en este partido. Por supuesto que está bien destacar las mejorías: que el equipo corrió más, que luchó hasta el final, que mostró mayor intensidad especialmente para recuperar las pelotas perdidas, que el resultado quizás haya sido injusto. Pero por favor, a no olvidar que perdimos. Y de local. El cuerpo técnico lleva poco tiempo y ya ha exhibido parte de su sello, y es justo darle margen para que su trabajo lleve los frutos que todos esperamos, pero es difícil pensar en salir campeón perdiendo los dos primeros partidos en un torneo de quince encuentros, aunque se juegue lindo. Por ello, para el próximo encuentro, en la siempre difícil alfombra de La Florida, el estándar será diferente. Si el equipo quiere ser campeón, no va a bastar con jugar bonito.

Foto: Agencia Uno

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