[Opinión] La optimista columna alba previa a la Libertadores: "La fe tiene sustento"

Darío Sanhueza

Panelista de radio @dalealbo. Abogado en mis tiempos libres.

Nuestro columnista Darío Sanhueza asegura que el Cacique ya está en condiciones de contar una buena historia en la Copa Libertadores. "¿Tenemos defectos y debilidades? Por supuesto, pero Botafogo también las tiene. ¿Da para confiarse? De ninguna manera. ¿Da para creer? Por supuesto que sí", avisa.

Siete semanas. Cuarenta y nueve días. Mil ciento setenta y seis horas. Setenta mil quinientos sesenta minutos. Eso es lo que ha pasado en este tiempo desgraciado, árido y extremadamente difícil de vivir cuando no juega Colo-Colo , más allá de los partidos amistosos en que tuvimos la suerte de ver al Cacique ganándole a rivales extranjeros, algunos más exigentes (Lanús) que otros (Sporting Cristal), Entre medio, muchas cosas: las llegadas de Mark González, Pedro Morales y Fernando Meza; la partida de Martín Rodríguez; la teleserie de Claudio Baeza que por suerte se definió de forma favorable para el club; la nacionalización de Ramón Fernández; el retorno de Justo Villar a defender nuestro arco; las chances que se está jugando Christofer Gonzales para poder quedarse en el plantel, entre otras situaciones que han mantenido el oído y el ojo albo atentos pese a no estar compitiendo.

Sin embargo, lo que todos estamos esperando llega al fin este miércoles: vamos a Brasil a jugar contra Botafogo, quizás el sorteo más duro que nos podía tocar a estas alturas, más aun considerando que los brasileños tienen mayor presupuesto, una importante cantidad de refuerzos, y las perpetuas dificultades que entraña ir a jugar a Brasil. Es inevitable recordar la epopeya del ’73 en Maracanã, con el Cacique de pantalón y camiseta blanca –referencia inevitable hasta el día de hoy cuando, por circunstancias de la vida, Colo Colo debe vestir siempre de blanco–, en lo que no sólo fue el primer gran triunfo a nivel de clubes de Chile en el extranjero, sino que se transformó en un hito para toda una generación de futboleros chilenos que hoy bordean los sesenta años de edad, no sólo colocolinos. Triunfazo por 2-1 con goles de Caszely y Chamaco (quiénes otros), y descuento de un joven “Tuca” Ferretti que hoy entrena con éxito en México.

Es linda la historia, es parte importante del cemento que fundamenta nuestra pasión por nuestro equipo, y tan importante para los colocolinos de sesenta años fue ese Colo Colo del ‘73, como el del ’91 para los treinticincones como uno, y el del 2006-2007 para los veinteañeros. Siempre es importante respetarla, porque si uno es colocolino probablemente lo sea porque se enamoró de su camiseta, de su gloria, de la legendaria historia de Arellano, esa que hicieron y nos contaron personas que estuvieron antes que nosotros y vibraron con lo que significa tener el indio en el pecho desde mucho antes que todos nosotros estuviéramos siquiera en los planes de nuestra mamá y nuestro papá de encargarnos vía cigüeña a París.

De todas formas, es verdad: Colo Colo necesita meter de una buena vez, una campaña internacional que sea recordable. Los últimos años nos han hecho desfilar por una serie de desgracias –algunas al borde de lo insólito–, como esa lacerante derrota con Cerro Porteño cuando íbamos 2-0 y hasta nos servía el empate, o el latigazo infernal de Cleiton Xavier, o sin ir más lejos los tres palos en cinco minutos contra un Independiente del Valle que después llegó a la final. El trauma es fuerte y nos ha apaleado considerablemente.

No sé si a usted, amigo lector, le sucede esto, pero siempre que va a jugar Colo Colo, siempre, yo creo que puede ganar. Aunque esté con jugadores menos, aunque juegue afuera, aunque le pongan al frente un ejército de clones o lo manden a jugar a Tatooine. Pero hay que reconocer algo: buena parte de esas ocasiones, esa fe se basa únicamente en el amor a la camiseta, a la ilusión del hincha que a veces se enceguece y sólo se enfoca en sus propias virtudes, deja de mirar al rival, hace todas las cábalas posibles, se abrocha los cordones de las zapatillas sobre el tobillo, se pone los zapatos al revés, salta tres veces con el pie derecho antes de entrar a la casa o lee el diario a la intemperie un día de lluvia.

Pero si hay una virtud que la logrado desarrollar Pablo Guede con este Colo Colo, es que esa fe tiene un sustento que excede sólo al amor por la camiseta, tiene un respaldo futbolístico que lleva a creer más allá de la ilusión basal de ver a Colo Colo jugando contra el rival de turno. La vuelta de Justo, el entendimiento de Barroso con Baeza y Zaldivia, la llegada de un excelente central como Fernando Meza, el desparpajo de Véjar, el orden de Figueroa, el despliegue de Pavez, el buen pie de Valdés, alguna inspiración de Ramón, el fiato de dos tanques como Rivero y Paredes, lo que puedan aportar en algún momento Pedro Morales y Mark González, entre otras cosas. ¿Tenemos defectos y debilidades? Por supuesto, pero Botafogo también las tiene. ¿Da para confiarse? De ninguna manera. ¿Da para creer? Por supuesto que sí.

En este Cacique se nota hambre, hace imaginar a un indio orgulloso con el pecho hacia el frente y se notan afilados los dientes para aprovechar el momento en que se huela sangre. ¿Es Botafogo en Brasil? Sí. Pero somos Colo Colo. ¡Vamos Cacique!

Fotos: Agencia Uno

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