El exitoso enigma de Mario Salas

Nicolás Olea

Periodista deportivo y director de prensa de Redgol

El técnico de Universidad Católica es el más exitoso de la actualidad. Lo dicen sus títulos, pero curiosamente, no lo hace su fútbol, lleno de altibajos e irregularidades. Pero tiene un mérito innegable: el alma del equipo parece indestructible.

Mario Salas va camino a cumplir 50 años. Y como entrenador recién cumplió seis años. A diferencia de otros, como Sebastián Beccacece, hizo la "vuelta larga" por Barnechea, la selección Sub 20 y Huachipato antes de recalar en una Universidad Católica que llevaba media década de fracasos. Y lavó sus heridas con un discutido título en el último Torneo de Clausura y luego el de la Supercopa.

Los críticos -me incluyo- dicen que el Guerrillero no hace buenos cambios. Que ante Unión le pegó el palo al gato con el ingreso de Carlos Espinosa. Tampoco entienden las marginaciones de los más jóvenes, como Guillermo Maripán y Jaime Carreño. Pero sobre todo, ese vendaval de rotaciones a principios de semestre que les costó la Copa Sudamericana ante Potosí y casi la Copa Chile contra Santiago Morning.

Pero hay un aspecto del que Salas se puede vanagloriar con toda propiedad. Hoy la Católica, a nivel de grupo, parece un bloque indestructible. Después de todo lo que sufrieron (las duras derrotas contra la U y la pérdida de tres campeonatos consecutivos en la última fecha) y siguen sufriendo, parece que a los cruzados no les entran balas. Y así pueden jugar el fútbol de Salas, bien o mal, pero el fútbol de Salas.

Un ejemplo lo dan precisamente las rotaciones. Todos han salido del equipo: Toselli, Costanzo, Álvarez, Magnasco, Lanaro, Maripán, Kuscevic, Cordero, Fuentes, Manzano, Carreño, Kalinski, Espinosa, Bravo, Llanos, Castillo, entre otros. Y todos refunfuñaron, porque no querían quedarse abajo, pero al rato estaban al borde de la cancha apoyando a sus compañeros.

La última prueba la dieron ante Universidad de Chile en cuartos de final de la Copa Chile. Siempre estuvieron abajo en el marcador y pusieron en riesgo su clasificación, pero el temple perduró, a nadie se le salió la cadena (como en aquella final de 2011, con el mismo escenario) y esperaron que al rival se lo comieran sus propias pesadillas. Así como está el fútbol chileno, basta tener bien la cabeza para ser superior.

El plantel cruzado tiene la misma base de los últimos años, pero ahora su mente piensa distinto. Si eso no es pega del técnico, entonces cuál es. Un histórico bicampeonato -la UC nunca consiguió uno- sería la coronación de un estratega con el cuero duro, que hoy cosecha frutos en una competencia donde las palabras sobran y faltan certezas.

Fotos: Agencia Uno

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