Sintonía

Darío Sanhueza

Panelista de radio @dalealbo. Abogado en mis tiempos libres.

Columna alba respecto a la gran y contundente victoria del Cacique ante Unión Española, que lo reacomoda en la tabla y lo deja con vivas opciones de pelear el torneo.

En la columna pasada hablábamos de lo importante que era, para Colo Colo, despercudirse de un partido tan acontecido como el vivido en Temuco, donde reaparecieron varios fantasmas y se vio a un equipo que, lamentablemente estimulado por procedimientos arbitrales que aunque en su mayoría no fueron errados, sí fueron bastante desprolijos, tuvo reacciones desmesuradas y que, finalmente, repercutieron en suspensiones varias y un daño bastante superior a una mera derrota. Si el equipo seguía atrapado en esas sensaciones, difícilmente podía haber superado una durísima prueba como se proyectaba que iba a ser enfrentar a una rocosa Unión Española; pero también sabíamos que el equipo tenía con qué ilusionarse, siempre y cuando tuviese convicción en aquello.

El partido ante los hispanos era tan, pero tan importante, que haberlo perdido nos dejaba cuartos, a seis puntos del líder y con nueve en disputa. Es decir, absolutamente occisos. Era tentador caer ante los fantasmas mentales considerando la ausencia de Paredes, de Zaldivia y la terrible lesión de uno de los mejores jugadores del semestre como Fernando Meza. Todo eso obligaba a modificar las tres líneas: la defensa casi completa; el mediocampo con el retraso de Baeza y la inclusión de Araya; y el ingreso desde el principio de Rivero.

Pero el equipo estuvo a la altura de las circunstancias y superó en todos los aspectos del juego ante una Unión inexpresiva y frágil. En fútbol, en carácter, en concreción, en peso, en funcionamiento y en rendimientos individuales. En localía, con ese hermoso Monumental lleno y que es fiel demostración que el hincha albo responde cuando los precios no son prohibitivos como ha sucedido tantas veces.

¿Hace cuánto que Rivero no tenía un partido así? Tranquilamente, desde el 2016. Ante Unión, el uruguayo se llamó Raúl Octavio Rivero Falero Quintanilla. Con coraje, valentía, temperamento, inteligencia y además con gol. Ese es el Rivero que queremos ver, podrá jugar mejor o peor, pero si muestra este compromiso y entrega la gente lo va a querer. Su movimiento luego del hermoso pelotazo profundo del Pájaro es del manual del 9 y vaya que lo leyó bien. Golazo que marcaba el paso para una jornada que ilusionaba, el equipo entraba bien, pegaba de entrada y el rival se veía muy golpeado.

Pero obviamente nada es fácil y el empate llegó muy pronto. Muy evitable, por cierto, con varios errores albos: un Gabi Suazo que no recuperó posiciones, un Barroso que salió a romper pero no lo hizo de buena forma, un Araya que venía mejor posicionado (igualmente, buen partido de Araya) y no le gritó “mía” a Baeza, que se apuró y la clavó. Más encima estaba offside Canales, en la única aparición del ex azul en el partido, debido a que se presume que luego fue capturado por el Demogorgon al igual que el niño Will Byers en Stranger Things, igual que cuando vestía el atuendo laico. Pobre muchacho.

Hay mucho mérito del equipo en no haber desfallecido ante esa desgracia, y haber seguido buscando con ahínco, encontrando ese penal a favor ante la acción de Galeucci, de las manos más bobas que se han visto en el último tiempo. Mucho temple de Ave para patear con el alma y poner un 2-1 ajustado al trámite.

También hay mérito del equipo en la intensidad mostrada, especialmente en el primer tiempo, donde marcó muchas diferencias. Es cierto que la jugada que culmina con el gran gol de Opazo –que corrió más que Forrest Gump, encomiable su esfuerzo– es muy bonita, especialmente con la pausa y pase profundo de Morales, pero no hay que dejar de lado que el inicio de la jugada se da con un pivoteo que gana Valdivia, que a lo mejor no lució tanto con esas virtudes mágicas que lo distinguen del resto, pero el Mago quiere ser campeón y en este tipo de maniobras lo demuestra fehacientemente.

En el segundo lapso el Cacique se retrasó un poco, bajó quizás un cambio, pero manejó el partido de manera tranquila –dentro de lo que permite un encuentro de esta envergadura– y mató de contra, con una jugada realmente soberbia de Rivero. ¡Qué linda aguantada de pelota que se pegó el uruguayo! A eso vamos con decir que el tema va más allá de los goles que haga, es una cosa de actitud lo que finalmente genera empatía y aprobación, y en este partido Octavio tuvo bolas para tirar hasta por los balcones. Feroz aguantada de pelota, y además inteligencia para ceder a un Moralito que tuvo su premio con el 4-1.

Quizás la única distracción vino con el descuento de Jaime, aunque también hay que darle mérito a la jugada de Hauché y su lindo pelotazo hacia el área. Pero luego el Cacique se encargó de tirarle la última palada de tierra a cualquier atisbo de reacción hispana con el penal ejecutado a lo “boss” por Valdés, luego de una mano que recién como a la cuarta repetición nos pudimos percatar que no fue tal. Incluso pudieron ser más con una aproximación de Ricky Álvarez y una doble chance de Orellana bien tapada por el Mono Sánchez. Para destacar también el retorno a las canchas de Nico tras una dolorosa lesión, pero sobre todo el retorno de Michael Ríos luego de un año sin jugar (exactamente, no jugaba desde el 26 de noviembre del año pasado), terminando de formar un cuadro de sintonía en el equipo, y entre éste y la gente, más aun con la aplaudida salida de un Rivero que mostró bonitas señales de reencuentro con el público y, sobre todo, con el nivel que él sabe que puede entregar.

Es realmente angustiante pensar en que el torneo se vuelve a jugar recién a fin de mes, luego de la interrupción FIFA y las elecciones, pero por lo menos nos vamos a este obligado receso con la frente muy en alto, la sangre circulando, el pecho caliente y con el instinto asesino al parecer recuperado. El fixture es muy difícil, ahora nos vamos a Viña a jugar con un muy buen Everton (con grandes jugadores como Juan Cuevas, el mexicano Ochoa o el buen torneo de Patricio Rubio), pero viendo que el equipo le ha ganado a todos los de la parte alta de la tabla por tres goles de diferencia, hay razones más que suficientes para tener fe. Que se mantenga esta linda sintonía y comunión, y que se siga viendo a jugadores que demuestran que sale a ganar y quieren salir campeón.

Foto: Agencia UNO

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