Rigor no es rencor

Coke González

Periodista y conductor de “CDF Noticias”. Animador del programa “Hasta el Coke” de Radio Sport

Columna sobre la necesidad de reconocer a los nombres que han pasado por el fútbol, pese a que no son tan conocidos. Esto, a raíz de la clasificación de Claudio Bravo a la Champions, siendo el segundo arquero chileno en lograrlo. 

Guillermo Burgos Viguera dejó su natal Temuco y en 2002 se marchó a Andorra, pequeño país europeo situado entre España y Francia, buscando oportunidades. En sus primeros años, compatibilizó su empleo en el supermercado Escale con su pasión: el fútbol. Condición tenía, después de haber jugado muchas temporadas en el club amateur Campos Deportivos y en la Universidad de la Frontera, en la que estudió educación física. Lo suyo era el arco. Fue así como fichó por el Unió Esportiva Sant Julià, uno de los equipos de la primera división andorrana. Y como la UEFA concede cupos a todos sus miembros, “Els Lauredians” –así le dicen al cuadro- luego de ganar la Liga 2008/2009 pudo participar en el torneo más importante del continente: la Champions League. Obvio: por un motivo de competitividad, la UEFA ordena el torneo en varias fases previas. Fue justamente en 2009 cuando Sant Julià hizo historia al ser el primer conjunto del Principado en avanzar a la segunda fase, en la que finalmente fueron eliminados por el Levski Sofia de Bulgaria. Y ahí, custodiando el pórtico, estaba el “Mito” Burgos.

Durante esta semana, Claudio Bravo también materializó un hito para el fútbol nacional: se transformó en el primer arquero chileno que disputará la fase grupal de la Liga de Campeones, a causa del acceso de la Real Sociedad después de apear al Olympique de Lyon. Y bien vale recalcar en el dato: fase de grupos. Entendí que, quizás por desconocimiento o dejación, muchos cometieron el error de decir que el actual capitán de la selección era el primer arquero chileno en jugar la Champions. Y no, pues. El punto es que bastó poner en el tapete la existencia de Guillermo Burgos para que varios ciudadanos cuestionaran el antecedente: que el torneo empieza desde los grupos, que las rondas anteriores son una “Pre-Champions”, que lo anterior es un playoff, que da lo mismo porque “valía callampa” o porque “los equipos son malos”. 

No apunto necesariamente a justificar mi posición con datos inobjetables: basta recurrir al reglamento de la UEFA para entender que su principal competición de clubes comprende desde el primer partido de la fase preliminar hasta la mismísima final. Y punto. No hay “pre-Champions” ni nada de esos eufemismos. Es como la Copa Libertadores: el Chile 3 clasifica a una ronda anterior a la fase de grupos, pero al fin y al cabo se trata de la Libertadores de igual manera. Discutir eso es de porfiado porque así lo estipulan las reglas, le guste a quien le guste. Sí me preocupa el fondo del asunto: desmerecer al inferior, tan sólo porque es inferior. Como si se tratase de un verdadero estorbo.

Infelizmente hay mucha gente que considera que el fútbol debe ser una actividad perfecta, en la que los débiles deben ser exterminados. O más bien se proclama un perfeccionismo supino: mucha gente en el último tiempo se ha obnubilado con los súperpartidos del Barcelona, disfruta de otras grandiosas ligas europeas, los emula en sus videoconsolas preferidas y los postulados de ciertos comentaristas de emisoras extranjeras se transforman en axiomas incuestionables. ¿Y qué hay del resto? ¿Será todo el resto del mundo así de perfecto como se lo han hecho creer? Y más duro aún: ¿serán ellos –por muchos catalogados como “hinchas de sofá” o “hinchas de parrilla”- tan perfectos como se lo exigen al fútbol? Entiendan de una buena vez: el fútbol es una acción universal, probablemente el deporte más practicado del planeta. Y su ente rector, FIFA, procura justamente la universalidad: que todo el mundo tenga la posibilidad de practicarlo y no sólo las grandes estrellas. Obviamente en toda actividad hay algunos que resaltan por sobre otros, pero no significa que sólo los buenos constituyan la verdad absoluta: también están los malos, los amateurs, los feos, los imperfectos. Algo de eso hablé en mi pasada columna de Redgol llamada “Lección de amor” del 22 de junio, cuando muchos menospreciaron a la selección de Tahití.

Aclaro, en todo caso, que a mí Claudio Bravo me parece un porterazo, que cada vez se supera a sí mismo: a su sobriedad y buena ubicación le ha agregado elasticidad y concentración brillante. Quizás es el golero chileno que más está metido en los partidos. Además muy regular, ya sea en la Roja como en la Real Sociedad. Como si fuera poco, poseedor de un don de mando imponente, muy propio de quienes han sabido cultivar con decencia su carrera deportiva. Hoy por hoy se justifica absolutamente su jineta de capitán en la selección. Plausible completamente que sea el primer guardapalos nacional en la fase de grupos de la Liga de Campeones de Europa. Pero ojo: en la fase de grupos. Pero no porque Guillermo Burgos sea un jugador amateur vamos a dejar de considerarlo: él, por ejemplo, admira a Bravo –del mismo modo a Nelson Tapia-. Y así, viéndolos jugar, se hizo un lugar en Europa. Aunque haya sido muy recóndito. Aunque haya sido muy pequeño. Pero fue el primero. Le guste a quien le guste.  

Foto: Agencia Uno

RESEÑA:

Coke González es periodista deportivo. Se desempeña actualmente como reportero y conductor de CDF Noticias, además de comentarista y presentador del programa "Hasta el Coke" de Radio Sport. Egresado del Instituto Nacional, se tituló en la Universidad de Chile. Antes trabajó en el departamento de prensa de Chilevisión y en la jefatura de prensa de las selecciones nacionales de hockey patín. Es autor del libro "Marcianitas campeonas". Su twitter es @coke_deportes.

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