Anda, levanta la cabeza

Darío Sanhueza

Panelista de radio @dalealbo. Abogado en mis tiempos libres.

Columna alba sobre la dura y triste eliminación del Popular en Copa Libertadores, algo alivianada luego de la contundente victoria ante Audax Italiano.

Sin dudas es difícil reconstruirse luego de sufrir una desilusión, en todo orden de cosas de la vida, pero sobre todo cuando se trata de sentimientos tan desinteresados como el que uno siente por su equipo de fútbol. Uno está siempre, esperando poco a cambio más que entrega total y sentirse interpretado sentimentalmente por los muchachos que tienen el talento y la suerte –y han trabajado con constancia para ello, por supuesto– como para vestir profesionalmente la camiseta que cada uno de nosotros alguna vez ha soñado con defender.

La caída fue fuerte en la Copa, fundamentalmente porque había una ilusión con un sustento, con un fondo futbolístico que el equipo había mostrado en la gran mayoría de los partidos anteriores. Una vez que el equipo se afirmó luego de las primeras fechas del torneo pasado, más allá de no ganar todos los partidos y empatar varios, casi siempre superó futbolísticamente a sus rivales –con un par de excepciones, O’Higgins en Rancagua y Huachipato en el sur–, y pese a que en Brasil se perdió, quedó la sensación de que Colo Colo era más que un discreto Botafogo.

Lo peor es que esa sensación quizás se mantenga, que un Colo Colo haciendo un partido normal –nada del otro mundo, como decíamos en la columna anterior– podía perfectamente vencer a los brasileños. Pero lamentablemente el Cacique hizo su peor partido en mucho tiempo, y en el peor momento de todos.

Darle ya demasiadas vueltas al trámite del partido es hurguetear en una herida que recién tiene algunas pequeñas señales de cicatrización, pero no puede dejarse de lado que a Colo Colo lo terminó perjudicó una situación objetiva y ostensiblemente favorable como ponerse en ventaja tan temprano. Seguramente la idea era martillar y martillar a un Botafogo que se iba a agrupar atrás, tener paciencia hasta resquebrajar la estructura defensiva rival, pero quizás nadie se iba a imaginar que nos íbamos a poner tan temprano en ventaja.

Ahí el equipo cayó en una indefinición que pagó carísimo: nunca supo si dedicarse prioritariamente a ampliar la ventaja –casi nunca más llegó al arco, sólo ese remate de Fernández en el segundo tiempo que pegó en el travesaño–, o derechamente defender el resultado que nos daba la clasificación. Esa indefinición queda de manifiesto con los cambios, y específicamente en el ingreso de Canchita Gonzales por Véjar, quitándole marca al sector izquierdo defensivo, precisamente por el cual apareció Pimpão solo para marcar un empate que hasta hoy nos duele. El Cacique defendía mano a mano tras un saque de fondo quedando nueve minutos para cerrar una llave, y más allá de los méritos de los brasileños –que a la larga clasificaron con justicia–, eso da cuenta de la referida indefinición.

Nos quedamos sin torneo internacional por el resto del año y la situación nos pega profundamente en el orgullo, más aun al tomar en cuenta un contexto que nos tiene sin una actuación relevante en Libertadores desde hace veinte años, tiempo en el que otros equipos nacionales sí las han tenido, y es válido preguntarse acerca de las responsabilidades, tanto de las directivas como de los distintos técnicos y de los intérpretes.

Pero bueno. Podríamos estar tristes y amargados todo el año, martirizándonos y “disfrutando” nuestra propia miseria mientras nos cortamos lentamente las venas en una tina llena de nuestros propios desperdicios, o podríamos tratar de canalizar la legítima rabia y frustración en un ferviente deseo por ser campeones del torneo local, cosa que a una primera vista suena como un premio de consuelo, pero que con el paso de los días y con el agua que corra bajo el puente ojalá vaya transformándose en el objetivo preciado que siempre debería ser.

Por ello es importante que el equipo se haya sacudido apenas cuatro días después y haya marcado ante Audax la diferencia que actualmente existe entre ambos equipos, con un Cacique haciendo un buen encuentro, aprovechando la debilidad organizacional y espiritual de un conjunto audino absolutamente inexpresivo y desangelado. Paredes tomó las banderas y decidió ser Esteban el Quitapenas, marcando dos joyas de esas que sólo puede fabricar él con su talento inagotable, y fabricando goles para sus compañeros –tremendo lo de Fernández sacándose al defensa itálico en el cuarto gol–. Palabras aparte también para el gran partido de Gabi Suazo, más allá de su merecido primer gol en el profesionalismo, fue uno de los mejores jugadores del equipo, tanto en la refriega como llegando arriba, y para Brayan Véjar, que se retiró ovacionado luego de brindar una gran actuación, y quizás le falte pulir la puntada final –algo no menor–, pero se agradece su despliegue y atrevimiento.

Una opción es no alegrarse ante un triunfo a nivel local, no ver más al equipo y esperar a que el Cacique vuelva a la Copa Libertadores –que va a pasar, ojalá más temprano que tarde–. Otra opción es que pese al dolor, sigamos ahí, y decirle al equipo que vaya, que no se rinda y que pelee. Todos estamos dolidos, pero el martirio y el autoflagelo sirven de poco, hay que lavarse la cara y batallar para ganar un torneo que ojo, no es tan fácil como algunos creen, es cosa de ver la intensidad y el juego de O’Higgins, de Everton, del propio Iquique, sin dejar de lado a la UC, todos buenos equipos a los cuales hay que superar, y sumidos en la depresión no lo vamos a lograr. Así que, modestamente, anda y levanta la cabeza, porque somos Colo Colo.


Foto: Agencia UNO

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