La cancha, inexpugnable

Andy Zepeda Valdés

Asociación Hinchas Azules

Por Isaac Maldonado C.  Colaborador Asamblea de Hinchas Azules.

El sábado vivimos un partido digno de grabarlo en video, de esos que cuando niños y niñas queríamos jugar, por más que los padres nos dijeran que podíamos enfermar. Es que la lluvia tiene ese aliciente que sólo te lo dan los monitos animados de fútbol o las películas heroicas. Un partido trabado dirán algunos, un partido jugado dirán otros; en fin, un partido de 100% fútbol.

Y en un partido de 100% fútbol nunca llegó lo que todos y todas esperábamos, el gol: ese maldito gol.

La verdad es que la U no está afinada, no estamos dando el salto en calidad que se esperaba este semestre, el mejor ejemplo es una jugada del segundo tiempo: por izquierda la lleva Beausejour, la pelota viene llovida al segundo palo haciendo juego con el agua que caía y empapaba Santa Laura, el Mono Sanchez que ya poseía y lucía un record histórico para la Unión la miraba solamente, Isaac Díaz se tira para alcanzarla y la pelota le hace un globito al arquero, choca en la parte de arriba del palo y se va. Ese es nuestra situación, estamos pegando en el palo y saliendo.

Los errores de la defensa que habían sido habituales se mejoraron, el que no lo notó no vio el partido o ya le tiene mala onda a la dupla Jara-Vilches. Tampoco se trata de endiosarlos por un partido bueno, pero jugar contra el puntero, invicto y con cero goles en contra invita a perder, más si la cancha blanca por la lluvia dejaba algunas pelotas a medias o le movía el balón a Herrera.

Pero lo que importa en esta columna es otra cosa, no es el juego, no es el Estadio Santa Laura con sus clásicas dificultades al ingreso, con sus policías molestos por nada o la sensación de estar al lado de la jugada. Lo que importa es la cancha.

Entre la cancha y el hincha existe un romance, un idilio que tiene su orgasmo en el asistir, más allá del resultado. Esa relación de amor entre cancha e hincha que pareciera ser para película de amor gringa y noventera, tiene su enemigo. No se trata de un tercero que trata de romper la relación (aunque esa es la función que cumplen las Sociedades Anónimas Deportivas  Profesionales, si, tu Carlos Heller), sino que la esencia misma del fútbol que entrega pasión, también entrega algo más complicado de entender para quien está ajeno al fútbol.

En el momento en que la pelota se paseaba por el área de Unión, inexplicablemente nadie podía empujarla, sólo empujarla dentro del arco. Muchos y muchas hinchas hubiesen dado todo lo que tenían en ese momento por ser ellos quienes lo hicieran, quienes se bañaran con la gloria de derrotar al puntero e invicto, con romperle la racha al Mono Sanchez, con dejar a la U a la caza del puntero para la ilusión del bicampeonato, pero no pasó. La pelota que bailaba dentro del área ya está en el mediocampo, nunca nadie la pudo empujar y ella, caprichosa se movió: “si nadie me pesca mejor me voy” pensó y nos dejó en cero. Y a Unión también. Y de esa forma de arruinó una fecha que parecía ideal para meterse arriba.

Si ningún hincha puede empujar la pelota hacia adentro del arco ¿Cuál es nuestra función? ¿Por qué el y la hincha alientan, con lluvia, como cabros chicos que no le importa resfriarse, total no va a la escuela? Me permito poner una frase de Marcelo Bielsa: “Lo único insustituible, desde mi óptica, son los hinchas y que es distinto al espectador. El espectador es un tipo que mira y disfruta o no según la belleza de lo que se le ofrece, el hincha es otra cosa.”

El hincha, aquel que no puede convertir el gol que tanto se le niega al equipo, el que no puede correr donde el DT a decirle que jueguen más por la otra banda, aquel que sólo grita detrás de una reja que lo separa de todo lo que quiere y empuja a asistir. Ese hincha que ve el fútbol pero que no puede SER el fútbol. Ese hincha merece respeto por parte de quien administre el equipo, si bien las críticas al desempeño grupal también vienen desde nuestra vereda: por la defensa, por la falta de gol si no es por Pinilla, por el bajo juego de algunos que llegaron a ser refuerzos y se quedaron en incorporaciones; estas deben ser con más cuidado desde quien es el “jefe” de esta lógica neoliberal.

Aquel hincha que se mojó, que quería ver a la U a la caza del puntero, que volvió triste a su casa porque no podemos encontrar el rumbo. Ese hincha que sabía que si perdíamos se nos iba el campeonato pero que empatar tampoco nos acercaba. Ese hincha que daría todo por meterse a la cancha y jugar con la pasión de quien no juega por dinero sino por identidad, ese hincha que siempre verá la cancha desde afuera con las ansias de quien sabe que no puede participar, que sólo puede mirar y gritar, para quien esté adentro sienta el apoyo que sólo un grito puede darte en el fútbol. Ese hincha que ve la cancha como un recinto sagrado, inexpugnable, inaccesible y que sólo se puede mirar desde lejos, ese hincha nunca dejará. Ese hincha que quería un partido heroico como contra Unión en el campeonato pasado, se fue una sensación amarga en la garganta. Es que el campeonato más corto del mundo se termina y el que alcanzó a subirse al carro alcanzó no más.

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