¡Cehacheí!

Por Rodrigo Leiva Echeverría, colaborador Asociación Hinchas Azules

Cuando estamos a horas de saber si nuestro país irá o no al mundial de Rusia 2018, cuando quedan pocas horas para saber si miles de chilenos y chilenas podrán ir a conocer uno de los países con más rica historia política, artística y cultural del mundo, quiero referirme humildemente a la relación que tiene el hincha azul con la selección chilena.

Muchos de ustedes han escuchado o leído la frase “el hincha de Universidad de Chile es más hincha de su club que de su selección”. En lo personal, estoy totalmente de acuerdo y creo firmemente que es el sentir mayoritario del pueblo azul.

Las causales son múltiples, pero las más trascendentes las podríamos resumir en que a nuestro club lo escogemos nosotros y no se nos impone, como pasa con nuestro país o nuestra nacionalidad, por el sólo hecho de nacer en un lugar determinado. Pero la más importante corresponde a ese atributo esencial que tenemos los azules de ser leales a nuestros colores en todo momento y más aún en los malos, de alentar con más fuerza en las instancias donde más la necesitan los jugadores y los cuerpos técnicos y no de criticar por sólo criticar. Esto se contradice claramente  con el espíritu chaquetero, exitista, oportunista que impera en nuestro país cuando se habla de la selección.

Lo anteriormente señalado no quiere decir en ningún caso que gran parte de la familia azul no vibre con los partidos de Chile. Claramente nos identificamos con gran parte de la población que se parte el lomo trabajando casi todo el día (y de la cual formamos parte), transitando gran cantidad de horas en un sistema de transporte público del carajo por un sueldo mísero y que en los triunfos de Chile ve uno de los pocos motivos de alegría en un país tan desigual con la clase trabajadora y en donde los derechos sociales brillan precisamente por no ser derechos.

La relación de nuestro club con la selección chilena a lo largo de la historia se ha caracterizado por una gran presencia de jugadores, directores técnicos, grandes campañas, de simbolismos que el cuadro mágico ha entregado a Chile hasta el día de hoy.

Una de las primeras grandes proezas de nuestra selección es el mundial de Chile de 1962. No recordar la influencia de la U en esa gesta se hace imposible, pues aportamos cinco jugadores dentro de la oncena titular, resaltando el capitán Don Sergio Navarro y Don Luis Eyzaguirre (el primer jugador Chileno que formó parte de una selección del resto del mundo el 23 de octubre del año 1963 juntó a un tal Pelé, Garrincha, Puskás y Di Estefano). ¿Cómo no señalar al gran Leonel? Y es que aparte de ser el goleador del mundial con 4 goles (en conjunto con otros 5 jugadores más), hizo el gol que hizo “Justicia Divina” el 1 de junio del año 62 en Arica, batiendo a uno de los mejores arqueros del mundo el Ruso Lev Yashin (Araña Negra), otorgando el paso a la semifinal.

Cómo no recordar la campaña de Francia 98, en la cual participaron aproximadamente once jugadores azules durante el proceso, destacando la participación de Marcelo Salas, quien se convirtió en la gran figura de ese proceso. Y no sólo por los diez goles que anotó, sino que por la importancia de estos (a Ecuador de visita, los tres a Colombia, el que le convirtió a Uruguay tras centro de Don Víctor Hugo y los tres que marcó a Perú en una verdadera final). Luego consolidó su gran actuación en el mundial de Francia anotando cuatro goles (convirtiéndose en el goleador histórico chileno en mundiales junto a Leonel Sánchez y a Guillermo Subiabre), siendo especialmente memorables esos dos goles marcados a Gianluca Pagliuca. El primero nos permitió creer que se podía y con el segundo sencillamente nos invitó a volar por los aires en búsqueda de un objetivo (tal como lo hizo él tras gran pase de don Clarence Acuña).

De la misma manera se hace de importancia destacar datos importantes del cuadro azul en la historia de la selección, como la primera participación de jugadores de la “U” en una cita mundialera. Esto ocurrió con la nómina de Miguel Busquets y Miguel Flores en el mundial de 1950. Cómo olvidar esa chilena hermosa de Don Sandrino Castec el 18 de septiembre del año 1980 marcada a Argentina defendida en su arco por Ubaldo Fillol (uno de los mejores arqueros del mundo de ese momento). Y en relación a los últimos procesos que han permitido conseguir triunfos inéditos en la historia de nuestro país hay que destacar, duela a quien duela, el incalculable aporte de Don Jorge Sampaoli (sumando a Don Marcelo Bielsa), que cambió la mentalidad del jugador y medio chileno, consiguiendo el primer título de importancia en la historia de Chile. Y en cuanto a los jugadores de estos últimos procesos, ya sea porque se formaron en la “U”, porque consolidaron sus carreras en el cuadro mágico o simplemente porque se declaran abiertamente hinchas del equipo azul, el aporte ha sido esencial con figuras como Ponce, Jara, Mena, Isla, Beausejour, Díaz, Aránguiz, Vargas, Sánchez entre otros.

Como señalé en párrafos anteriores, no sólo de jugadores y técnicos ha dotado el equipo mágico a la selección chilena en su historia, sino que de símbolos. Precisamente el ¡CEHACHEI!, nuestro grito de aliento nacional que se ha hecho conocido y reconocido a nivel mundial, fue creado por Don Julio Cordero Vallejos (el mismo creador del hermoso himno Azul), el año 1933 a bordo del buque Reinas del Pacífico, creado para alentar a la Universidad de Chile, y que posteriormente fue modificado para alentar a Chile, convirtiéndolo en un verdadero patrimonio nacional.

Me encantaría que mañana a eso de las 23:00, las y los habitantes de Til til, de Cucao, de Freirina, de nuestras zonas extremas FESTEJEN. De la misma forma me encantaría que los millones de perjudicados por las AFP, por la calidad de la educación (que es un gran bien de consumo), por la salud (que es un beneficio para los que pueden pagar por él), puedan festejar. Y no lo niego, me encantaría que los miles de inmigrantes que ya se sienten parte de este país a pesar del trato que reciben, festejen.

Pero en verdad festejaría más si Chile se convirtiera en un país más justo, más igualitario, más tolerante, más humano, más valiente ante las injusticias sociales, más diverso, más alegre y empático con el otro o la otra. Y para finalizar, me encantaría festejar el vivir en un Chile con una constitución hecha por su pueblo y no por una dictadura.

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