Aprendiendo lecciones

Darío Sanhueza

Panelista de radio @dalealbo. Abogado en mis tiempos libres.

Columna alba acerca del muy buen triunfo del Popular en San Carlos de Apoquindo, logrando acercarse a los punteros y quedando mejor aspectado para el resto del torneo.

La semana pasada primaron las buenas sensaciones con el triunfo sobre San Luis. Más allá de que, como dijimos, quizás el rendimiento del equipo no nos haya llenado los sentidos ni haya sido una hemorragia de hermosura comparable a presenciar el nacimiento de un koala en cautiverio, pero terminó siendo muy importante que el equipo haya logrado tener una jornada relativamente tranquila, y optimizando buena parte de sus virtudes, tanto en el sector defensivo –San Luis llegó muy poco–, como en la faz ofensiva, con las refrescantes apariciones de Opazo y Villanueva.

Pero ahora la historia era distinta. Con el respeto que merecen San Luis de Quillota y su presente –que es superior a la UC en muchísimas facetas–, el componente que implicaba visitar San Carlos –uno de los pocos lugares donde el Cacique es casi visita– y el carácter desesperado de la Católica implicaban subir una cuesta bastante más empinada, más allá de los muy buenos resultados que este cuerpo técnico ha obtenido en los clásicos. Además, este Cacique había dado muestras suficientes de ser un equipo que provoca escasa fiabilidad, de ser como un auto que un día es capaz de sobrepasar a Lewis Hamilton y al día siguiente quedarse en pana de bencina.

En el primer tiempo quedó claro que el equipo iba a necesitar trabajar a doble turno y hacer un partido feo y pragmático para poder llevarse los tres valiosísimos puntos que nos permitirían acercarnos al sector más alto de la tabla, considerando el empate de Unión el día anterior. Hay gente que legítimamente cree que el equipo tiene que salir a matar en todos los partidos, pero a veces se omite que los grandes Colo Colo de la historia han sido equipos bien armados de atrás para adelante –nos acordamos de Barti, de Rubén Martínez, del Pato Yáñez, pero traten de pasar una defensa con Garrido, Ramírez y Margas, más el Lalo Vilches al medio, y van a ver cómo no van a poder–. Tampoco hay que dejar de lado en el análisis que llevamos tres torneos sin ser campeones –y para más remate, han sido campeones los clásicos rivales–, y que lo más importante a estas alturas es ir recuperando la capacidad de obtener resultados que nos lleven a romper esa racha. Aunque suene un poco tarado, hay que volver a ganar acá para empezar a pensar en ganar afuera o en ir a Japón, hay que ponerse ropa antes de salir a la calle.

El gran problema del primer tiempo es que el equipo estuvo muy, muy impreciso. Entre una cancha donde costaba hacer pie, el buen trabajo del mediocampo de la UC y pocas luces por parte de Valdivia y el Pájaro, tuvimos algo de suerte en una jugada de Silva que pegó en el palo, aunque no hubo demasiado riesgo más, un tiro libre de Lobos y alguna otra escaramuza del conjunto confesional. Colo Colo mostró que podía ser peligroso si pulía la no menor faceta de la precisión y la concreción, porque el Pájaro y Gabi Suazo tuvieron dos chances bastante claras y lamentablemente las definieron equivocadamente. La poca prolijidad, más el hacha brava con la que por momentos se estaba jugando, conspiraron contra un juego más vistoso y seguramente el observador imparcial no quedó demasiado contento con el nivel del espectáculo.

Pero como un equipo con jerarquía tiene que dejar en el fondo del retrete esos aspectos de intentar entretener a terceros observadores, en el segundo tiempo se apretaron algunas clavijas, lo cual terminó siendo suficiente para llevarnos el partido. Es cierto que Vilches no hizo un gran encuentro pero Paredes mejoró con él en cancha y eso ya vale como aporte. Y llegó el gol: brillante lo de Valdivia en entender el movimiento de Opazo y abrirle la pelota, pero lo del Torta fue sencillamente formidable y representativo de su confianza: hermoso enganche y aun más bella definición con la “muda”, un gol de fútbol europeo. Es cierto que estaba un pelito offside, pero es una posición de adelanto que nadie reclamó en cancha, y que a la larga tampoco es tan determinante en sacar ventaja, de hecho el Torta se devuelve con el enganche previo al remate. Pero si para algunos es tan importante, y como somos buena gente, les dejamos el correo [email protected] o el Instagram @gianniinfantinodedicado por si desean efectuar algún requerimiento. Pueden incluir ese supuesto penal con la mano pegada al cuerpo de Baeza también.

Había que batallar y saber sufrir el resto. Suazo pudo haber sido expulsado por un refilón plantar a Buonanotte –jugó con fuego el canterano–, pero en algún momento el cuento de Dieguito y el Lobo tenía que causar efectos. No nos olvidamos del penal que se inventó el año pasado el escueto mediapunta cruzado, cayendo al piso con un dramatismo sólo comparable al de Sonny Corleone cuando es acribillado con metralletas en “El Padrino I”, así que hay algo de karma en lo acontecido a su respecto.

Nos expulsaron a Baeza –bien expulsado, seamos justos– y el equipo respondió con aplomo. En el segundo tiempo la UC sólo tuvo un remate digno de compacto –un tiro de Aued cuando íbamos a 0–, y el resto fue una tempestad de centros bien despejada por Barroso, Zaldivia y Meza. Incluso pudo haber llegado el 2-0 si el equipo hubiese estado un poco más fresco y Paredes un poco más iluminado, pero llevar dos partidos con pocas llegadas en contra y, sobre todo, con el arco en cero, son noticias que hacen crecer el diente con este torneo.

Tocaba sufrir y el equipo aprendió la lección. Esa es la mejor noticia del partido. Varias veces en estas mismas columnas criticamos la incapacidad del equipo de saber sacar resultados y de manejar partidos aun jugando feo –que no es sinónimo de jugar mal, hay gente que a veces confunde ambos conceptos–, por lo cual este partido puede marcar un punto de inflexión.

La semana anterior fue relativamente tranquila y con el triunfo en San Carlos, el equipo “compró” dos semanas más de cierta calma, demostrando ir paulatinamente recuperando la capacidad de sacar puntos en partidos bravos, feos, raspados y poco lindos como el que se vivió en San Carlos. Al final, casi todos los campeones sacan más puntos de los que supuestamente merecen, así que ojalá a fin de año estemos recordando este partido por haber sido el encuentro que marcó una lección aprendida y que posteriormente volvió a ser aplicada cuando fue necesario. A seguir metidos y a seguir hincando el diente, que se puede.

Foto: Agencia UNO

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