Momento crucial

Darío Sanhueza

Panelista de radio @dalealbo. Abogado en mis tiempos libres.

Columna alba respecto al complicado presente del Cacique y a lo mucho que se juega el ciclo de Pablo Guede en los próximos días. 

No es tan difícil retomar el hilo del Cacique luego de las Fiestas Patrias, fundamentalmente porque, probablemente para muchos de nosotros, pese al ambiente festivo del país y de que no hubo fútbol el fin de semana, era un pensamiento recurrente la actualidad de un Cacique que bajo el mando de Pablo Guede ha ganado apenas uno de siete partidos, ha mostrado apenas algunos espasmos de buen fútbol, pero sobre todo va exhibiendo trizaduras en su estructura emocional, que son cada vez más evidentes.

Más aun, es imposible desconectarse completamente si en la previa del 18 el Cacique visitó a Huachipato, en el marco de la Copa Chile, y padeció una nueva derrota, la primera como visitante del semestre –en el que quizás era el único hito objetivo destacable, no haber perdido como forastero–.

Pero no fue una derrota cualquiera. No fue una derrota obra de la casualidad o de la mala suerte, es una derrota sintomática del momento actual del Cacique. A Colo Colo en términos generales tampoco es que le lleguen muchas veces o le machaquen el rancho, sino que el porcentaje de concreción del rival es abismantemente alto. Pero si además, a esos temas estructurales se le agregan errores individuales impropios de un fútbol rentado jugado en serio, las posibilidades de éxito son prácticamente nulas.

La marca del Cacique por arriba es derechamente mala. Los últimos cuatro goles en contra del campeonato vinieron por esa vía, los dos de Iquique (aunque en el primero puntea Ramos el cabezazo de Charles) y los dos de Antofagasta. Uno pensaría que por arriba no nos debiesen ganar más y que eso es uno de los temas que más debe trabajar el cuerpo técnico. Y sin embargo, el primer gol de Huachipato llega por una detenida, Barroso no alcanza a cabecear y Valdés, de forma inexplicable, suelta la marca de Sepúlveda que incluso controla la pelota, tuvo tiempo para comerse un anticucho y ver la repetición de las últimas dos paradas militares para luego definir a placer ante Garcés. Una grosería defensiva por donde se la mire.

Pero como a Colo Colo este semestre lo auspicia el señor Murphy, las cosas siempre pueden ser peor. Y a partir del 1-0 sucedieron varias cosas sintomáticas. Primero, un gol que increíblemente se pierde Paredes, la reserva moral de este equipo. Luego, el error de Garcés, producto de su falta de confianza, de su escasísima habilidad para jugar con los pies, y sin dudas de su atarantamiento natural potenciado por la histeria del momento. Ad portas de la fiesta máxima del país, la mitad nos quisimos derechamente matar al ver cómo Huachipato llegaba a un 2-0 casi insólito tras un blooper lamentablemente inolvidable. Pero para peor, en la jugada siguiente, Garcés vuelve a pifiar un despeje, lo que encontró piedad en Duma que fue casi a abrazar al parralino y decirle “pobrecito, ya va a pasar”. Un hito del momento actual del Cacique, un momento en que un rival derechamente nos tuvo algo similar a la lástima. En veinte minutos vimos un horror defensivo, un gol perdido de manera impropia a la estirpe de Paredes, una chambonada morrocotuda y a un rival sintiendo pena por nosotros.

El único partido del semestre que Colo Colo empezó ganando, finalmente lo ganó (a Audax). Los restantes seis los empezó perdiendo y sólo logró sacar dos empates. Números objetivos que lamentablemente incentivan la “soltura de pera” que exhibe el equipo. Por suerte Huachipato es un equipo bastante tímido y que no se decidió a hacer más daño, ante un Cacique anímicamente muy tocado, que sólo reaccionó –nuevamente, y como tantas veces– mediante Paredes, que si bien se perdió ese gol increíble en el primer tiempo, por último tira del carro, se comporta como un verdadero capitán, no llora, no se esconde, ha mejorado físicamente y además es casi el único jugador de este equipo que todavía tiene gol. Tiene 36 años y 128 goles en Colo Colo, tiene todo el derecho de largarse a disfrutar lo que bien se ha ganado, pero sigue metiendo porque entiende cómo es vestir esta camiseta. Un 2-1 que al menos nos deja vivos, al menos en teoría. Ojalá lo de Esteban fuese contagioso, no merece estar rodeado de flaquezas espirituales.

Lo que viene en estas dos semanas es una parada esencial para el semestre del Cacique y sin dudas para Pablo Guede y su cuerpo técnico. Él lo dijo muy bien –porque declara bien, realmente mucho mejor de lo que el equipo juega–: cansa analizar siempre las mismas cosas . Él llegó con un discurso basado en la meritocracia, pero que no ha encontrado un correlato en la realidad ante rendimientos individuales menos que discretos, y hasta el momento no ha dado con la tecla para que los ejecutantes interpreten su partitura de manera moderadamente razonable.

Vienen tres partidos en una semana, los tres en el Monumental, recinto que hemos transformado en un salón de eventos donde el visitante de turno ha armado su propia fiesta. Primero contra el duro Wanderers, que tiene a dos de los mejores jugadores de la actualidad (Castellón y Terans), además de una estructura de incesante correr y meter, un sello de su técnico Espinel, que lleva apenas tres semanas más de trabajo que Guede. Luego, la vuelta con Huachipato, donde el Cacique se juega mantener viva la chance de jugar la Libertadores el próximo año –después llegará el momento de preguntarse para qué–. Y para rematar, nada menos que defender un invicto como locales de quince años frente a una U liberada del impresentable Beccacece, descomprimida y sin absolutamente nada que perder.

Hay que reaccionar ahora. No hay otra opción. Hay que volver a hacernos fuertes en casa, revertir esa dinámica macabra de que cualquier elemento externo a este Colo Colo lo saca de quicio (desde errores propios hasta expulsiones rivales), y definitivamente empezar a ganar. Este momento es crucial: o salimos de la mala, o nos enterramos. Buena parte está en sus manos, Pablo.

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