La columna alba que aborda la crisis de Colo Colo: "Debajo de la alfombra"

Darío Sanhueza

Panelista de radio @dalealbo. Abogado en mis tiempos libres.

Nuestro columnista Darío Sanhueza se explaya respecto al cada vez más difícil presente del Cacique, justo en una semana clave en Copa Chile y que culmina con el Clásico. 

El momento que se vive en Colo Colo es altamente complejo, tampoco estamos descubriendo la pólvora al decirlo. La “crisis de resultados” –así llamada por el propio Pablo Guede–, que tiene al equipo penúltimo, alcanzó un nuevo hito el pasado sábado en Macul: se vieron mejorías, el equipo tuvo una línea de juego más clara, casi no quedó mal parado durante todo el encuentro y probablemente mereció ganar el partido. Pero no haberlo ganado pese a todo eso, y que Wanderers nos empatara en su primer intento serio –luego de casi una hora sin intentar nada ofensivamente– es una cachetada fuerte en el ánimo y en la convicción.

En un campeonato ostensiblemente irregular, donde todos se ganan con todos, donde el puntero lleva dos fechas seguidas perdiendo, un equipo como Temuco está segundo habiendo perdido tres de siete encuentros, y tantas otras cosas llamativas, casi el único patrón persistente es que Colo Colo es incapaz de ganar, pese al trabajo y a las excentricidades accesorias como el recurrente tema de la ruda, del vinagre y del cambio de lado de la banca. De local, peor, este primer punto obtenido en casa lo hace subir de un 0% a un 8,3% de rendimiento en el Monumental. Tal como se lee.

El Cacique entró mejor que en los otros partidos, ciertamente. No fue una maquinita aceitada ni mucho menos –nadie pide eso– pero el equipo al menos se vio más afiatado y de todas maneras superior a un rival que mostró muchísimo menos que lo que uno podía esperar. Además, consolidó su superioridad con un golazo, tras enorme jugada de Zaldivia e inteligente cesión de Paredes a un Martín Rodríguez al que al fin estamos viendo en una versión más acorde a sus condiciones. Gran conquista y además merecida.

Si bien Colo Colo no se generaba grandes chances y no mostraba una superioridad ostensible, sí tenía el partido controlado. Además, Wanderers no se animaba demasiado, el equipo se veía más sólido de mitad hacia atrás –defendiendo claramente con cinco, con Fierro y Suazo parados como laterales cuando los porteños tenían la pelota–, y parecía que la cosa se encaminaba, con un trámite que además era favorable, pese al fuerte calor y al desgaste que se iba acumulando.

Pero en el segundo lapso hicieron su aparición ellos. Sin fanfarrias ni alfombra roja para recibirlos. Ellos. Los fantasmas. Los malditos fantasmas. Luego de una excelente jugada de Rodríguez terminada con una volea alta de Paredes, llegó el empate wanderino en una jugada absolutamente fuera de contexto: gran desborde del “Torta” Opazo por derecha, Suazo no estaba en su posición pero fue relevado por un Rodríguez que estaba físicamente tocado, el 14 no cortó la carga, luego Opazo se llevó con demasiada facilidad a Baeza y lanzó un buen centro que encontró inaceptablemente solo a Parraguez –¿dónde estaba Barroso?–, que pese a no cabecear bien, encontró a un Villar que lamentablemente estuvo muy lejos de responder de acuerdo a su categoría. Es cierto que el guaraní llegó apenas por un cuadro viral, pero ese es un gol que no le pueden hacer a Justo Villar aunque tenga un glioblastoma terminal como el del Pelado Garay.

Para peor, llegó la fatalidad del gol anulado a Paredes y de la increíble fatalidad de la jugada de los dos travesaños, del propio Paredes y de un Rivero que se vio voluntarioso en el primer tiempo pero “atrapado” en el segundo. Y a partir de ese momento, el Cacique no se arrimó más con seriedad al arco de Castellón, durante más de treinta minutos.

Paréntesis aparte para los cambios de Guede, patentes demostración del extravío del adiestrador. Lamentablemente tuvo que salir Martín Rodríguez (que era uno de los mejores de la cancha), y Ríos entró bien en la misma posición del 14, pero luego Guede lo mueve a la derecha y Ríos se pierde, pese a ser una posición que debiese dominar. Por otro lado, ningún entrenador en su sano juicio podría pensar razonablemente que Andrés Vilches, a estas alturas, pudiese ser el hombre destinado a resolver un problema en una situación tensa… pero igualmente entró a la cancha, y como tantas veces, no dio pie con bola, en una nueva exhibición de la falta de carácter de este jugador para vestir la alba. Y lo de Valdés es lo más llamativo, a estas alturas de verdad duele verlo en la cancha, uno no duda de su esfuerzo para estar a tono, pero no lo está, no lo ha estado en todo el semestre y sólo muy a cuentagotas el semestre pasado. No sólo no ha sido aporte en este torneo, sino que su presencia en cancha coincidió con que el equipo no se aproximara nunca más al arco de Castellón. La carrera de Jaime Valdés, su grandísima calidad como jugador y su tremendo aporte en estos últimos años en que hemos tenido la suerte de que vista esta camiseta, no merecen esta versión suya.

La conducción de Guede tiene una prueba determinante esta semana. Los dos partidos que vienen son importantísimos, y en ambos el Cacique tiene que despercudirse de su mochila anímica y futbolística: primero en Copa Chile con Huachipato, donde no hay que dar por perdida la llave, y luego nada menos que un Clásico con un rival que llega más liviano y descomprimido, y además luego de haber recuperado algo de sus colores tras su triunfo del fin de semana. En los fríos números, Guede lleva un miserable 25% de rendimiento con Colo Colo y eso es francamente inaceptable, el propio Guede debe ser el primero en saberlo, y si bien mucho de ello se debe a goles sufridos por errores individuales, cuando estos son reiterados hay una responsabilidad técnica ineludible, más aun si el centro del discurso de Guede está dado por la meritocracia y que juega el que mejor está, lo que no ha sucedido, contradiciendo el núcleo de su propio discurso.

Pero en esta columna al menos, vamos a tratar de hacer un acto de fe. Es una semana de Clásico, y pese a todas las tentaciones, el pesimismo es un lujo que, modestamente, creo que no debemos darnos, porque es un arma para el rival. Es una semana distinta, y cada hincha tiene la posibilidad de poner un granito de arena para alivianar en algo la mochila anímica del equipo, y empujarlo a defender la casa ante el máximo rival. Ojalá el cuerpo técnico ponga toda la “mala” debajo de la alfombra y sepa conducir al equipo para que se lave la cara y empiece a obtener triunfos. Es cierto que la paciencia y la ilusión de muchos hinchas está desgastada, pero esta camiseta nos necesita, realmente más que nunca. Y ahí vamos a estar, como siempre. ¡¡Vamos Cacique!!

Fotos: Agencia Uno

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