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La columna alba: "Fútbol Aventura"

Darío Sanhueza

Panelista de radio @dalealbo. Abogado en mis tiempos libres.

El empate entre Antofagasta y Colo Colo después de un largo trabajo de entrenamientos durante la fecha FIFA fue el foco del análisis de Darío Sanhueza en RedGol.

Y bien, pasó el receso FIFA y los tan comentados dieciséis entrenamientos de un Cacique y un cuerpo técnico con indudables ansias de salir de un momento muy complicado, pero con carencias que difícilmente se iban a corregir en un lapso de dos semanas. Durante los últimos días se habló de que Colo Colo experimentaría con un nuevo modelo táctico, una especie de 3-3-1-3 con algunas similitudes en el dibujo con lo que hacía el glorioso Cacique Campeón de América, aunque obviamente guardando las proporciones entre un equipo fabuloso como el del ’91 y un conjunto “en formación” como el actual, siendo amables con el concepto.

Pero nadie en su sano juicio podría haber imaginado de manera realista, incluso después de asumir Pablo Guede –hace dos meses ya–, que la defensa de tres se iba a estructurar con Pavez de líbero, Baeza por derecha y Felipe Campos por izquierda. En rigor, una defensa sin defensas. Y más aun, que el 6 del equipo iba a ser Jaime Valdés. Es cierto que el resto del equipo tenía cierta lógica para adelante, pero más allá de los mentados dieciséis entrenamientos, era altamente probable que la situación de mitad hacia atrás fuese un despelote.

Al ver los once en cancha del Cacique, uno esperaba que el equipo saliera a tratar de “matar” de entrada. Sin embargo, el equipo no se hallaba en la cancha en la generación de juego –cuesta encontrar tres pases seguidos de Colo Colo durante los primeros minutos–, y por el contrario, la presión alta de Antofagasta comenzó a causar estragos en la defensa sin defensas, con un Campos que si se ve incómodo por derecha, cómo será en el perfil zurdo, y un Baeza que tampoco se afirmaba. Curiosamente el menos incómodo de los tres era Pavez, a tal punto que pasados los minutos Baeza y Campos se intercambiaron.

Sin embargo, la apertura por parte de los Pumas se veía venir, y únicamente no llegó antes porque Droguett estuvo impreciso en dos muy claras que tuvo. Es cierto que en el cabezazo de Augusto Barrios hay cierta fortuna por la trayectoria de la pelota, pero no es menos cierto que es un gol indigno de la archicomprobada calidad y experiencia de Justo Villar. A un arquero de su estirpe no se le puede perder el arco de esa manera. Y así, nuevamente había que remar desde atrás. Es cosa de recordar: Colo Colo ha estado en desventaja en cinco de los seis partidos jugados, pues sólo fue capaz de ponerse en ventaja jugando contra Audax. Y ese partido es el único que ganó. Los primeros minutos del Cacique de Guede son francamente pavorosos en términos generales, y el equipo va sintiendo ese desgaste extra que implica tener que estar remando siempre de atrás.

La reacción del equipo durante el primer tiempo fue muy precaria, en lo futbolístico y también en lo espiritual. El único que causó peligro fue Paredes, que tuvo que pasarse a cuatro rivales en una jugada formidable para recién llevar algo de peligro al arco de Dituro. Otro par de chances no tan claras del mismo Esteban, y fin del primer lapso. Demasiado poco para ser considerado un avance, la única forma que tenía el equipo de construir avances seguía siendo la lateralización hasta buscar un centro bombeado, o un arresto individual.

Pero hay que ser justos. En el segundo tiempo la cosa varió, en esta verdadera experiencia de “fútbol aventura” que es ver al Colo Colo de Guede. El Cacique ya no es un caminante algo aburrido de transitar por una meseta para llegar a una meta, sino es una verdadera aventura cargada de emociones fuertes, como caminar por un acantilado con chalas de goma, o imitar a estos arriesgados jóvenes del llamado “salto BASE”. Quizás en un futuro esté a cargo de Guede la filial de “Colo Colo Bungee”, quién sabe.

Despertó Martín Rodríguez y le vimos una actuación que entra al podio de sus mejores prestaciones en el Popular. Su formidable gol es mérito totalmente suyo, y ojalá le sirva para tenerse más confianza, lejos la materia en la que más está en deuda el de Diego de Almagro. Y estábamos contentos con el empate, pero eso era algo demasiado común y mundano para esta verdadera “experiencia Colo Colo” que estamos viviendo este semestre. Correspondía quedar nuevamente en desventaja, tras buena jugada de Salinas superando una muy blanda marca de Baeza, buen centro para la aparición de Droguett, que sin saltar y superando la nula marca de Fierro -¿cuántas van?–, aplicó el cabezazo más sencillo de su vida y borró de un plumazo un empate que había costado sangre.

Sí hay que destacar que en esta oportunidad los cambios surtieron efecto, aunque haya sido para arreglar el desparramo del primer tiempo. Michael Ríos entró bien –pese a sus fallas en la definición–, Fernández se decidió a aparecer se vio mejor más centralizado, Rodríguez se cambió a la derecha y funcionó, Rivero arrastró marcas y peleó buenas pelotas. Y llegó nuevamente el empate con el recurso de la lateralización y centro bombeado, pero esta vez con un poquito más de enjundia y definitivamente ayudados por el horror de Patricio Jerez, que en vez de despejar casi le hizo un autogolazo a Dituro. Bien por Paredes en capturar el rebote, merecía su gol, le faltan seis para ser el tercer goleador de todos los tiempos llevando el indio en el pecho. Legendario.

Y a partir de ahí, esta montaña rusa de emociones agarró vuelo, recordándonos a varios que en nuestro organismo existe el colon. Colo Colo, ya con la tranquilidad de tener a Barroso en el fondo, tuvo seis chances clarísimas, pero clarísimas, de ponerse en ventaja y no pudo hacerlo, por impericia –las dos de Michael Ríos, son casi para matarse–, por virtud del rival –notable Dituro en dos tiros de Ramón Fernández y uno de Rivero– e incluso por mala suerte –en esa tole tole en el área que nadie sabe cómo no entró la pelota–. Un empate que pudo ser derrota y que dejó la sensación amarga que debió ganarse.

Es fuerte la tentación de quedarnos con la sensación de los últimos veinte minutos, de un equipo que mostró uno de sus mejores pasajes de la era Guede y que mereció llevarse los tres puntos, llegando por varios expedientes y haciendo figura al arquero rival, pero con la cabeza más fría no hay que olvidar que el primer tiempo fue un despelote sin límites y que no bastan ni pueden bastar veinte minutos buenos para ganarle a alguien. El funcionamiento quedó al debe por gran parte del encuentro, hay rendimientos individuales bajos –Valdés no logra trascender, si Fierro no va a ser determinante arriba por último que marque, Campos sigue sin “sentir” las piernas en la cancha–, y el punto sirve de poco. Y de nuevo nos hicieron dos goles, por quinta vez en seis partidos.

Vienen dos encuentros de local, frente al buen conjunto de Wanderers y frente a una U tanto o más imprevisible que este Colo Colo. Lindos partidos para el espectador imparcial, pero sufrimiento anticipado para el hincha albo. Entre medio Copa Chile, donde el Cacique tiene prácticamente –así como van las cosas– su única chance de meterse a la Copa del próximo año, a menos que de una buena vez empiece a ganar en un torneo donde varios equipos se ven más sólidos. A tomarse las cosas en serio.

Fotos: Agencia Uno

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