Buen sabor de boca

Darío Sanhueza

Panelista de radio @dalealbo. Abogado en mis tiempos libres.

El columnista Darío Sanhueza comenta la victoria de Colo-Colo sobre los legionarios y la pone en perspectiva a los desafíos de esta semana, por Copa Chile y por el Torneo de Apertura.

En estas cosas medio psicodélicas o derechamente esotéricas que muchas veces invaden a la ANFP, decidieron programar a Colo Colo un viernes, lo cual tuvo el componente lindo de por fin volver a jugar de noche –aunque sea parte del partido– por el Torneo Nacional, pero por contrapartida nos dejaría con un fin de semana descolocolinizado, lo cual es francamente triste para quienes tenemos al Cacique como factor fundamental de nuestra planificación diaria, teniendo que acudir a discretos e insuficientes premios de consuelo como ver partidos de otros equipos nacionales o haciendo turismo viendo fútbol foráneo.

Al frente estaba Cobresal, equipo que pese a que casi siempre en el papel debiese implicar un desafío a superar con cierta holgura, frecuentemente termina siendo una visita desagradable e “insoportablemente viva”, como le gusta autodenominarse a los muchachos de El Salvador. El Cacique, entendiendo que, por la gran cantidad de puntos ganables que finalmente se perdieron, por el campeonato se puede hacer poco más a estas alturas que terminar lo más arriba posible, guardó algunas fuerzas de cara a la llave con la UC por Copa Chile. Sin ir más lejos, reservó a los dos jugadores más en forma del equipo, Martín y Esteban, lo que le permitiría ver acción competitiva a Brayan Véjar y Marcos Bolados.

Desde el primer minuto el Cacique sería superior a los cobresalinos. El pase filtrado de Valdés a Fierro que terminó con un remate de Fernández tapado valientemente con el maxilar superior por parte de Martorell, sería sólo el anuncio de la apertura de la cuenta. Excelente jugada de Véjar –qué bien aprovechó la chance de jugar el ex Huachipato– por izquierda, muy bien culminada por un Rivero al cual, como decíamos antes, sólo le faltaba estar más dulce con el arco rival. El oriental viene anotando seguido y eso siempre es una buena noticia, más aun si lo hace con una definición con tanta calidad como la que terminó con la apertura de la cuenta. Ojalá Octavio siga en esta senda, haciendo méritos para que en un futuro podamos llamarlo en propiedad “el Crack del 29”.

Sólo había un equipo en la cancha ante un Cobresal absolutamente anodino e inexpresivo, y el marcador debió ser más expresivo en el primer lapso. Se vienen a la mente una zurda de Valdés sacada por Cuerdo, un cabezazo de Rivero –tras enorme jugada– nuevamente rescatada por el sobrio cuidatubos nortino que la mandó al palo, y un “chimbazo” de Pavez que era un golazo y se fue por nada.

Sin embargo, un escueto 1-0 siempre deja abierta la posibilidad de que el rival pueda igualar las acciones aunque no haga méritos, era muy grande la exposición a un error, a una pelota detenida, sabiendo que al Cacique le ha costado mucho ganar en Pedrero este semestre. Ante ello, Guede decidió mandar al verde césped a sus ases de espada, Rodríguez y Paredes, a fin de que pudieran matar el partido.

Y costó bastante, el rendimiento del equipo bajó en el segundo lapso, y por suerte Cobresal no se arrimó con peligro al arco de Garcés. Martín sí se notó con un ritmo distinto y desequilibrando prácticamente cada vez que decidió encarar. Así salió el penal, cuando ya nos estábamos preocupando por lo corto del marcador, con un desaguisado armado por el almagrino por izquierda y que Esteban se encargó de marcar el 2-0 que nos dio tranquilidad.

Pero faltaba la joya de la corona. La jugada fenomenal que armaron Paredes con Rodríguez, con técnica en velocidad y hasta con un taco, no merecía otro final que una definición excelsa e inolvidable por parte del 7 albo, viendo adelantado al correcto Cuerdo y mandándola al fondo del arco con elegancia y autoridad. Tranquilamente este desparramo de genialidad entra al Top 10 de sus 138 goles en el Cacique, recordando el túnel en la final con la UC el 2009, el remate al ángulo en el Clásico sin público del 2012, otro zurdazo al ángulo en Chillán, una bestialidad técnica en Copa Chile con Coquimbo, el cachetazo de ballet a Herrera en el Monumental del 2014, sólo por nombrar algunos, son demasiados. Un 3-0 que refleja las diferencias que se vieron en el campo.

Es una pena haber desperdiciado tantos puntos en partidos donde se jugó mejor que el rival, pero a estas alturas no sacamos nada con lamentarnos. El cuerpo técnico sin dudas debe tener sus conclusiones y tener claras las piezas que deben incorporarse para que el equipo dé ese paso adelante en jerarquía para lograr obtener resultados mejores. Sí queda el buen sabor de boca que el equipo, más allá de algunos altibajos, ha ido consolidando un rendimiento más que correcto y que no pierde desde hace dos meses. Buena semana para poner a prueba esta alza en el rendimiento y esta correcta racha sin derrotas, empezando con una linda “primera patita” en la semi de Copa Chile visitando nuevamente el siempre difícil San Carlos, y para rematar la semana hay que ir a Rancagua a batallar con un O’Higgins que aún está peleando el torneo. Pero hay razones para creer y confiar, y eso siempre es síntoma de perspectivas saludables hacia el futuro.

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