Hay que llevarse algo

Darío Sanhueza

Panelista de radio @dalealbo. Abogado en mis tiempos libres.

Columna alba respecto al futuro del Cacique en Copa Chile, luego de quedar sin opciones en el Torneo de Apertura. 

Si bien no cabe duda que Colo Colo ha ido progresando y aceitando una línea de juego con el paso de los partidos, tampoco debiese caber duda que dichos progresos aún son insuficientes como para hablar de un equipo derechamente consolidado. Prueba de ello es lo que vivimos durante la semana pasada, donde el equipo tuvo una excelente actuación en San Carlos, y una actuación correcta en Rancagua. Sin embargo, el equipo todavía no logra sacar todos los puntos que merece por los trámites de los partidos y sin dudas ello, a estas alturas, es la gran deuda que padece el Colo Colo de Pablo Guede.

Y uno llega a esa conclusión fundamentalmente porque sabe que el equipo ha dado muestras de capacidad, de hecho lo demostró en la llave de ida de la semifinal de Copa Chile ante la Católica. El equipo mostró aplomo, madurez, inteligencia, un trabajo defensivo realmente impecable y además varios pasajes de buen fútbol, coronados por el espectacular gol de Claudio Baeza, pasando entre líneas y haciendo una gran pared con Michael Ríos para marcar el único y merecido gol del encuentro. La actuación del Popular de todas maneras es de lo mejor que se ha visto en la era Guede, más que algunas victorias con más escándalo o con mayor superioridad ante el rival, básicamente porque se redujo a una expresión bastante mínima y en su propia casa, a una UC que es un equipo más consolidado que nosotros y que jugaba de local. Que casi no nos remataran al arco habla muy bien del aplomo del equipo.

El único punto oscuro de lo acontecido en San Carlos –y que ojalá no nos haga olvidar lo bien que jugó el equipo– dice relación la situación de Esteban Pavez. Si efectivamente las cosas acontecieron como fue denunciado –que el 8 del Popular “sacó” del partido a Buonanotte recordándole el accidente en el que hace años terminó con la vida de tres amigos del argentino mientras éste conducía–, da la sensación de que si bien es legítimo tratar de provocar y “sacar del partido” a un rival –especialmente si éste es mentalmente inestable–, debiese haber ciertos límites autoimpuestos en ese sentido. Es verdad que el tema ha sido excesivamente publicitado y se ha hablado demasiado de ello, pero no hay que dejar de ver el fondo del asunto, que es analizar hasta dónde se puede llegar con la provocación a un compañero de profesión que algún día, incluso, podría ser compañero de equipo. Da la sensación que acudir a algo tan traumático para un compañero de profesión es, al menos, algo de mal gusto.

El aplomo que mostró el equipo en San Carlos ilusionó para seguir peleando arriba en el Apertura. Habría que ir a El Teniente a enfrentar a un duro rival como O’Higgins, y con algunos nombres de baja por la lógica priorización del equipo en pos del objetivo de ganar la Copa Chile.

Y la verdad es que los primeros minutos del encuentro en Rancagua fueron muy halagüeños. Un par de llegadas bastante claras resumían la ostensible superioridad de un remendado Cacique sobre los celestes, que sin embargo comenzaron a equiparar las acciones con el transcurso de los minutos, hasta que comenzó una serie de eventos desafortunados que lamentablemente determinaron el transcurso del encuentro.

El partido estaba parejo y vino la lesión desgraciada de Michael Ríos, más aun considerando que era una gran jugada, donde el ex Chaguito Morning controló estupendamente y quedó perfilado para rematar al arco. Muchos meses afuera para un jugador que estaba haciendo un encuentro más que correcto y que se estaba perfilando como una buena alternativa. Una pena.

Luego llegó el gol de Calandria. Es cierto que hay bastante mérito del ariete que acostumbra a hacer goles medio feos y poco prolijos, que improvisó una maniobra personal muy bonita, pero la resistencia de Garcés estuvo lejísimos de ser la óptima, en un síntoma de la escasez de confianza que ha padecido el parralino todo este semestre, al menos. El problema es que esa falta de confianza la irradia no sólo al hincha, sino que a sus compañeros. Es incomprobable, pero es razonable pensar que difícilmente Baeza hubiese cometido el penal que claramente le hizo a Insaurralde, si el arquero hubiese sido Villar. Bien expulsado Baeza –el reglamento sólo exime de la expulsión en casos similares cuando el defensa intente jugar la pelota, cosa que no sucedió en este caso y sí, por ejemplo, en el penal del arquero de la U. de Concepción a Buonanotte–, por suerte Calandria pateó mal y el marcador se mantuvo 1-0. Un 2-0 era muy exagerado.

Como el árbitro Ulloa no puede dejar pasar un encuentro sin ser protagonista, junto con crispar los ánimos de todos los protagonistas, decidió expulsar a Calandria en una maniobra que quizás se zanjaba con una amarilla, para ser sinceros. Así, con los ánimos alterados, igualmente el Cacique se arrimaba al empate, fundamentalmente con la entrada de Paredes por un irresoluto Bolados. El 7 del Cacique de inmediato comenzó a preocupar a la zaga celeste y a Pinto, que le sacó el empate de gran forma en un par de ocasiones.

Entre medio de las desgracias vino el fuerte golpe de Garcés con Opazo, que terminó con el rancagüino con problemas costales y con Garcés apaleado como piñata de cumpleaños de niño hiperactivo. Y para peor, llegó la expulsión de Paredes, que le debe haber dedicado al réferi un rosario digno de una Misa del Gallo. Ojalá no le den más de dos partidos y que pueda estar presente en la “Final de los Segundos” que jugará el Cacique contra el segundo del presente torneo para clasificar a la Libertadores. Y ojalá que en estas dos fechas no lo sobrepasen en la tabla de goleadores, que merecidamente lo tiene aún al tope. Y así se nos fue un partido que finalmente O’Higgins nos gana bien, pero en el cual el Cacique muy probablemente mereció mejor suerte, un nuevo partido donde Colo Colo no obtuvo los puntos respecto de los cuales hizo mérito.

Es imprescindible que en este semestre nos llevemos algo. No sólo por el logro en sí mismo, sino porque le haría mentalmente bien al equipo –en perspectiva del próximo semestre– sentir que sus progresos tuvieron un premio tangible, más allá de las sensaciones que genera la manera de jugar del Cacique. De hecho, es necesario capitalizar esas buenas sensaciones. Por ello es importantísimo pasar la llave con la UC y el equipo nos necesitará a todos para darle para adelante y tratar de ganar la Copa Chile, que no por ser un objetivo menor comparado con el campeonato, hay que restarle importancia.

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