Opinión: El día después de la eliminación
Quedar fuera fue un verdadero mazazo en un Chile que por primera vez en mucho tiempo pintaba para favorito. El problema es que ese favoritismo redundó en un exitismo desbordado. Hoy somos los peores y ayer éramos los mejores. Pongámosla contra el piso, analicemos, conversemos y aprendamos.
“Que de la mano del Bichi Borghi, todos la vuelta vamos a dar”, “Bielsa querido, los chilenos jamás te olvidarán”, eran dos de los gritos favoritos los hinchas que prácticamente vivían en las afueras del hotel Hyatt de Mendoza, donde concentraba la selección chilena.
Parece insólito que por un lado se le cante al actual técnico y por otro se llore al saliente, una muestra de la bipolaridad extrema de los hinchas que quedó de manifiesto justo después de la eliminación.
Es cosa de leer los comentarios en este sitio, en Facebook, en Twitter o de conversar con alguien para que lance su virulencia desmedida contra el técnico, los jugadores, los dirigentes, la prensa, contra el intocable Bielsa, por irse y no seguir y hasta contra el presidente Piñera porque si, cuando ayer, justo antes del partido, íbamos a ser campeones.
Ante una eliminación hay que tener la cabeza fría y analizar en que se falló, por qué se falló y qué debo hacer para mejorar y que esto no me vuelva a pasar… porque lamentablemente nos ha pasado siempre, y para los desmemoriados, en el mundial de Sudáfrica también fuimos eliminados en la misma instancia.
¿Se equivocó el técnico?, sí, puede ser que “regaló” el primer tiempo ante los llaneros al no poner a Valdivia desde el arranque, aunque sólo él y su cuerpo médico saben en que condiciones estaba el “mago”. Aunque si estaba para sólo un tiempo, podría haber sido para el primero, para proponer, lograr una hipotética ventaja y luego, en su ausencia, administrarla.
Quizás el DT se equivocó al darle tanta continuidad a Jara, uno de los más bajos en defensa y no ajustar el puzzle con Medel por ese lado y poniendo a Carmona y Estrada al medio que tiene buen remate y en una de esas la embocaba… puede ser.
Pero lo que si es seguro, es que Borghi nunca imaginó que no iba a contar con Fernández ni Valdivia en plenitud, por lo que se la terminó jugando por quien en el papel puede asumir ese puesto y que tras ver los partidos ya sabemos que Jiménez no es enganche y que juega mejor con un “10” al lado.
Seguro que el Bichi tampoco se imaginó que las individualidades estuvieran tan bajas en este torneo: a Bravo le llegaron siete veces en toda la copa y cuatro fueron gol, Isla no fue ni la sombra del Huaso Cósmico que juega en Udinese, a Vidal lo salvó el gol contra México, pero no fue el Celia que nos tiene acostumbrados, Alexis no gravitó y se le vio más individualista de lo habitual y Chupete no apareció en la primera fase.
Falló también el Bichi en trabajar las pelotas detenidas y el juego aéreo, el punto débil de Chile en la copa. Es cierto, la defensa es baja, pero si se puede trabajar de mejor manera estos balones. Contra Venezuela, Ponce se come la pantalla de un jugador, suelta la marca y viene el gol. Hay que aprender.
La eliminación ya es, ahora, lo principal, es ser cautos en la victoria y en la derrota, como hinchas no lo fuimos en el éxito, éramos los mejores, íbamos a ser campeones, miramos en menos al peruano, al venezolano y así nos fue.
Ahora en la derrota hay que ser dos veces más cauto, no se trata de agarrar la metralleta, la bencina y el fósforo, matarlos a todos y quemar todo. Se trata de aprender y ser mesurados.
No hay dudas que el Bichi y sus jugadores están haciendo el ejercicio de analizar las causas del fracaso (sí, fracaso, pues la meta era meterse en semifinales y no se cumplió) y sacar lecciones.
Nosotros como hinchas también hagámoslo, seamos humildes, no hemos ganado nada y para ganarlo, hay que dejar de lado la soberbia y esa irritante bipolaridad que si se gana somos los mejores y si se pierde, los peores. Equilibrio es la palabra y esperemos que de esta caída aprendamos todos.