Superclásico: Puga se equivocó feo, pero nadie lo ayudó
El árbitro del partido del semestre tuvo tres errores bastante grandes. Sin embargo, los jugadores y sus asistentes no ayudaron bastante para que el central lo hiciera bien.
Nadie quedó conforme con el arbitraje de Puga. Obviamente que con sólo ver que hubo tres expulsados en cancha y dos penales, sin ver el partido, ya se entiende que fue polémico. Más con las jugadas que el árbitro dejó pasar y que habrían provocado otras dos expulsiones.
Son siete las jugadas que le corresponden directamente a Puga. Pero mejor comenzar con el partido en general.
El ambiente estaba bravo desde la semana anterior, estadio lleno, ambiente de clásico. El típico ambiente que conlleva a que las pulsaciones de todos los que entran a la cancha estén al 100%.
Los jugadores no cooperaron para nada y esto también influyó que el árbitro se equivocara. Si los 22 en la cancha empiezan a pegar más que jugar, obviamente el duelo no iba a terminar bien. Pese a que el ambiente no ayudó, el juez central tuvo errores garrafales.
Primer error: Penal de Eduardo Vargas. No fue penal y su asistente no hizo nada por negarlo. Error típico de partido.
Segundo error: La patada de Acevedo. Gran culpa de Puga y también de su asistente. Por lo bajo era roja y quizás los pocos reclamos de la defensa hicieron que no pasara nada. Inaceptable lo del zaguero, lo del árbitro y lo del asistente.
Sin embargo, el 2º error es totalmente provocado por el manejo del árbitro. Puga no podía echar más jugadores, porque sabía que el partido se le iba de las manos. Ese manejo empieza desde el comienzo. El árbitro sabe que si el partido viene duro, debe cobrar cada falta en los primeros 15 minutos, así calmar los ánimos y los jugadores empiezan a jugar.
Si bien los errores quedan, Puga también tuvo aciertos. Son cuatro.
Primero: Expulsión de Aránguiz. El grito de enojo de Díaz lo dice todo. Charles se equivocó y merecía roja.
Segundo: Expulsión de Osvaldo González. Fue muy fuerte y merecía por lo menos la amarilla.
Tercero: El penal. Claro penal en el momento que ocurrió. Luego de la falta y con González con el brazo bastante despegado del cuerpo. Con mayor razón si Puga cobró un penal dudoso con Vargas, iba a cobrar este que fue evidente.
Cuarto: La expulsión de Castillo. Si bien el uruguayo salió a calmar a Olivi, el árbitro no tiene la opción de ver la repetición y si ve a un arquero a 30 metros de su arco, mientras varios reclaman, correspondía la segunda amarilla.
El descuento: Entre los arqueros lesionados, todas las expulsiones, los cambios y los niñitos arriba de la reja, el tiempo dado estaba acorde a lo perdido. Sin embargo, ahí el cuarto árbitro se equivocó feo y confundió a medio estadio poniendo los minutos que no correspondía.
Si bien el arbitraje chileno no marcha bien, tampoco hay que desconocer que los reclamos, simulaciones y excesos de muchos jugadores están pasando la cuenta y no es de exclusiva responsabilidad de los árbitros equivocarse.
Muchos árbitros, ya retirados, han explicado que dirigir en Chile es más bravo que hacerlo por Copa Libertadores. Si el jugador no coopera, mucho no hay para hacer.